Nadie crree realmente que tras los videojuegos haya algo más que una forma de pasar el rato entreteniendosé sin agitarse mucho, o al menos, nadie se ha dado el trabajo de estudiarlos de otra forma. La psicología es el único campo que les ha dedicado uno que otro estudio, pero solamente en función de sus efectos ya sea en el desarrollo de capacidades cognitivas o de habilidades sociales. En función de esto, es posible que la sociología y la antropología eventualmente tammbién trabajen los videojuegos, pero esta vez en función de sus respectivos campos de estudio. Es la filsofía, que puede hacer lo que le venga en gana, la que debe encargarse de, al menos, esbozar algo al respecto de un tema que me ha parecido muy interesante por las razones que aparerán más abajo. No sé si tiene forma de ensayo o si es solo un monton de ideas sueltas amontonadas, pero mientras más vueltas le doy al asunto, más me convenzo de que el videojuego es no solo un filosofema válido, sino uno indispensable para entender el desarrollo de la sociedad junto a la tecnología.
domingo, 10 de noviembre de 2013
jueves, 19 de septiembre de 2013
De los saberes ancestrales
Los trabajos interdisciplinarios tienden últimamente a apreciar también el saber tradicional de las comunidades con las que estén trabajando. Sobre esa base, luego viene la pregunta de ¿y nosotros, que trabajamos con asentamientos humanos, por qué ni siquiera pensamos en recoplir ese saber? La respuesta más simple es porque no existe. Tal como tampoco podemos buscarlo en sociedades urbanas, o al menos, en la mayoría de ellas.
Barajo tres escenarios que determinan la existencia de ese tipo de conocimiento:
1.- Pueblos primitivos, pobres o atrasados en cuanto al acceso a la tecnología (usualmente en combo). En esta situación, no le queda al pueblo otra opción que desarrollar el saber común, amplio y empírico, que te permitirá sobrevivir en su medio de la forma más eficiente. Supongo que por ello es denostado a veces,
2.- Larguísima continuidad histórica. Como los hindúes o los japoneses, que han tenido cambios brutales durante su historia, pero lograron ser cambios radicales que solo cambiasen las formas y no el fondo. El saber sobrevivirá como parte de las costumbres legadas de un pasado milenario del cual no se es heredero, sino continuidad orgánica., bajo la forma de ritos y usos que vienen con la panafernalia de esos pasados.
3.- Ciudades burguesonas de naciones jóvenes. No tienen ni relación directa con el medio, ni pasado anteriorísimo milenario que aporte rezagos de la relación con el mismo. Al igual que las ciudades grandes de paises ricos y consolidados, producen intelectuales que se sienten en la condición de investigar a los otros y hallarles ese tipo de saberes; pero estos paises han desarrollado los suyos al punto de convertirlos en ciencias especializadas con pretensión de universales (esta parte es harrrto debatible, pero vamos a dejarla aquí por hoy en pro de la funcionalidad), poco accesibles a la comunidad pero fruto de un largo proceso histórico. Ciudades como Lima no tienen ni saber ancestral indígena, porque se esfuerzan por reducirlo, si saber ancestral como Perú, porque llevamos menos de 200 años en la carrera de ser pais y básicamente hay poco que mirar en el pasado en ese campo.
Y dejando de lado la mirada hacia el pasado, queda la relación con el medio. Quienes están en contacto con un medio natural desarrollan conocimientos acordes al mismo, conocimientos que todos los individuos necesitan adquirir para mantenerse. En un medio de vida artificial, construido desde sus cimientos por la mano del hombre, todo cuando aparezca en él está ya sujeto a un cierto nivel de determinación, de modo que es posible no necesitar el menor conocimiento de un tema para recibir los beneficios del mismo. Es posible pensar en el hombre que no sepa cómo funcionan las bujías del carro que usa todos los días, pero es menos probable pensar en algún indígena que no sepa cómo fabricar desde cero una canoa completa.
Barajo tres escenarios que determinan la existencia de ese tipo de conocimiento:
1.- Pueblos primitivos, pobres o atrasados en cuanto al acceso a la tecnología (usualmente en combo). En esta situación, no le queda al pueblo otra opción que desarrollar el saber común, amplio y empírico, que te permitirá sobrevivir en su medio de la forma más eficiente. Supongo que por ello es denostado a veces,
2.- Larguísima continuidad histórica. Como los hindúes o los japoneses, que han tenido cambios brutales durante su historia, pero lograron ser cambios radicales que solo cambiasen las formas y no el fondo. El saber sobrevivirá como parte de las costumbres legadas de un pasado milenario del cual no se es heredero, sino continuidad orgánica., bajo la forma de ritos y usos que vienen con la panafernalia de esos pasados.
3.- Ciudades burguesonas de naciones jóvenes. No tienen ni relación directa con el medio, ni pasado anteriorísimo milenario que aporte rezagos de la relación con el mismo. Al igual que las ciudades grandes de paises ricos y consolidados, producen intelectuales que se sienten en la condición de investigar a los otros y hallarles ese tipo de saberes; pero estos paises han desarrollado los suyos al punto de convertirlos en ciencias especializadas con pretensión de universales (esta parte es harrrto debatible, pero vamos a dejarla aquí por hoy en pro de la funcionalidad), poco accesibles a la comunidad pero fruto de un largo proceso histórico. Ciudades como Lima no tienen ni saber ancestral indígena, porque se esfuerzan por reducirlo, si saber ancestral como Perú, porque llevamos menos de 200 años en la carrera de ser pais y básicamente hay poco que mirar en el pasado en ese campo.
Y dejando de lado la mirada hacia el pasado, queda la relación con el medio. Quienes están en contacto con un medio natural desarrollan conocimientos acordes al mismo, conocimientos que todos los individuos necesitan adquirir para mantenerse. En un medio de vida artificial, construido desde sus cimientos por la mano del hombre, todo cuando aparezca en él está ya sujeto a un cierto nivel de determinación, de modo que es posible no necesitar el menor conocimiento de un tema para recibir los beneficios del mismo. Es posible pensar en el hombre que no sepa cómo funcionan las bujías del carro que usa todos los días, pero es menos probable pensar en algún indígena que no sepa cómo fabricar desde cero una canoa completa.
martes, 6 de agosto de 2013
Los anclajes de la fe
Hoy conversé con la profesora de filosofía del colegio de mis hermanos. Es la madre superiora de una órden de monjas misioneras y entiende bastante bien la importancia de las disciplinas inútiles. ara lo que nos importa ahora, digamos que está bastante asombrada de la vivencia de la espiritualidad de mi familia. Vivencia que ni me va ni me viene, pero que les sorprende en un mundo en el que está tan diluída. Naturalmente, me las arreglé para no tener que hacer ninguna declaración en primera persona y conversamos durante casi una hora.
Desdepués de darle un par de vueltas a lo que es enseñar filosofía a una bola de chibolos sin el más mínimo interés caímos en el tema de su fe. Me contó de sus ocho hermanos, de sus dos hermanas monjas y de sus tres hermanos casados por la iglesia con fe en el sacramento. Los tres menores, a pesar del ambiente fuertemento religioso de la casa, resultaron bastante más descreídos. A la monja le preocupa lo débil de la espeiritualidad de sus sobrinos por la obvia trascendentalidad de su propia vivencia de lo espiritual, y esto nos lleva directamente al punto importante de la conversación. A muy grandes rasgos expuse en la entrada anterior el sentido del absoluto que orienta asumir la posibilidad de trascendencia desde una religión, pero solo por el lado de lo que tambalea esa noción. Hoy toca desenvolver el otro lado, bastante parcialmente pero con toda la buena intención de entender el asunto.
La religión correctamente asumida da a la persona un punto de anclaje bastante fuerte. Frente al típico individuo post moderno que ve cualquier atisbo de certeza flotar en la liquidez del absurdo, quien vive con alguna religión asume una verdad suficientemente fuerte como para nadar y navegar entre las turbulencias de la duda. Si esta convicción resulta suficientemente fuerte como para definir el camino de vida de una persona, como en este caso, la convicción de actuar obedeciendo designios realmente trascendentales genera a veces una sensación de pedante superioridad, o bien, una sincera preocupación por quienes tengan que enfrentar la vida con la alamarmante ligereza de quien intenta pasarla por encimita sin mayor reflexión. Porque una cosa es segura, y es que solo se puede evitar una buena parte de las angustias usuales si se suprime la capacidad de pensar en ellas. No sirve anular, reprimir o negar el problema de la reflexión, porque el hecho de presumir su existencia es suficiente para joderla toda. Frente a situaciones como la de hoy, resulta imposible negar el altruismo de quien deja patria y familia para cuidar y educar gente al otro lado del mundo.
Hace unos días hice un pequeño repaso de temas de filosofía para unos chicos que llevan el curso con ella, y me dijeron que no habían terminado de entender cómo es que el floro de esforzarse en vivir bien como comunidad era una cuestión filosófica densa más allá de una verdad de perogrullo. Les expliqué algo de las categorías de labor, trabajo y acción de Arendt y de como la condición de nacimiento y creación nos permite a nivel de sociedad subvertir la muerte individual. La monja me dio a intuir que el mismo espíritu de trascendencia y redención frente a la muerte lo que estructura la creencia en Jesucristo. Ahora que lo veo en retrospectiva, resulta extraño que enfocase el sentido de la cristiandad en función de la muerte, siendo lo usual que todas las representaciones cristianas de la muerte sirven para enfatizar la vida, y no viceversa. Pero esto podría ser sesgo mío.
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| Símbolos, símbolos para todos los gustos |
Luego entró a colación el papa Francisco, y resulta que mientras que a todo el mundo le encanta que se presente bastante más sencillo y accesible que Benedicto, resulta que a la comunidad de religiosos no les termina de gustar por esto mismo. Y no por cuestiones tan vanas y egoistas como el hecho de tener que ceder privilegios y comodidades ante un ejemplo de austeridad, sino porque es el papa el que encarna en grado sumo la vida que todos los sacerdotes y monjas, y no son solo el estilo y las formas, sino el sentido mismo. Hacia fuera, un papa que hable de santos en jeans muestra una iglesia que quiere adaptarse al mundo de ahora. Me figuro que hacia dentro será un poco descomulgar con el sentido de vestir hábitos medievales tantos siglos después, no tanto con la estética en sí misma sino con los valores alrededor de esas formas, ya que el hecho de que la máxima cabeza ceda en ese punto desestructura un poco el esquema general. Y si el tema de la ropa es bastante banal (porque lo es, y no lo toqué con la monja), está debajo, como un mejor ejemplo, el discurso del papa Francisco. Simple y ligero como sermón de cura de parroquia frente a las espectativas de un público al interior de la iglesia que esperaba un discurso más nutríceo, les da la sensación de que hay algo que no termina de cuajar frente a la espectativa de quien tiene la verdad absoluta en las cuestiones teológicas más densas. De la misma forma, mientras que los adornos y toda la panafernalia de Benedicto eran símbolos de fortaleza al interior de una iglesia que se siente débil frente a un mundo cada vez más descreído y que cada vez acude menos a ella, para ese mundo descreido eran recordatorios del poder de una iglesia más distante. Supongo que de todas formas hubo en el discurso de la monja un guiño a mantener los signos de poder tal cual, pero qué sé yo, todo el mundo tiende a defender lo que los beneficia. Para este caso específico, la vida propia se orienta en función de aquello que el papa representa, tanto en la cuestión formal del estilo de vida como en la parte más interna de la fe que el mismo representa. La consagración de la vida a un ideal que tiene un prototipo de guía estructura, de alguna forma, parte de su sentido en la figura de dicho prototipo, y por ello el papa debía mantener, al menos para los religiosos, esa imagen imponente.
La imagen de una iglesia para los pobres que intenta contruir el papa Francisco también puede criticarse en función de los dos puntos expuestos, y es que, en la línea de la monja, la salvación, la trascendencia y el sentido de vida que otorga la religión no debería, en principio, ser un privilegio solo para los pobres. Claro que el balance entre un placebo para el pueblo y la receta de la vida plena ha demostrado ser una cuestión casi quimérica, pero ciñéndonos al sentido estricto de tracender, las características socioeconómicas de un grupo son irrelevantes. Recordé a los caviares realemente comprometidos y como no son tomados en serio por quienes se venden como realmente pobres y llamados a comprometerse mientras me hablaba del camello pasando por el ojo de una aguja.Si a la iglesia se le critica tener bienes y propiedades, esta se defiendi diciendo que es la única forma de hacer bien su labor. Dejando de lado el oro y las joyas, me inclinaré que esto puede funcionar como una apología para el caviar en el buen sentid.
Mi memoria es pésima y como ya han pasado dos días desde esta conversación, no recuerdo si hubo algún otro tema interesante que saliese a flote.
Mi memoria es pésima y como ya han pasado dos días desde esta conversación, no recuerdo si hubo algún otro tema interesante que saliese a flote.
viernes, 2 de agosto de 2013
Tres formas de enfrentar la vida
Conclusiones rápidas anotadas a la volada andando a caballo a punto de desbarrancarme
1.- Contemplar la trascendencia en el plano físico e inmediato. Es decir, volcar el sentido de la vida en un ente (lo más sano es que sea otra persona, pero locos nunca han faltado). Si son los hijos, es también una forma de calmar el afán biológico por reproducirse. Si es la pareja, es la potencialidad de calmar ese afán. El problema de esta forma es que se presta a excesos porque, al supeditar el sentido de una vida a otra, el peligro de desdibujar la plena vivencia propia al instrumentalizarla para otra. No es que ello sea malo, por lo contrario, me resulta una forma extrañamente bella de enfocar el problema, es solo que el riesgo del desequilibrio es incluso más grande.
2.- Tener en mente la trascendencia espiritual, ya sea ultraterrenal como dicen los cristianos, o en forma de vida terrena, como buscan los budistas. La búsqueda permanente de la plenitud interna en función de un conjunto de creencias enfocadas en la promesa de la manutención de dicho estado da un norte más independiente que el supuesto anterior. El problema radica en que esto descansa en la fortaleza de dichas creencias, y para alguien que ha sido educada en la duda permanente, resulta difícil establecer algo tan grande sin cuestionarlo. Dicho cuestionamiento resulta útil y puede llegar incluso a fortalecer y enriquecer la creencia, pero también puede tambalearla y destruirla, y ahí volvemos a flotar sobre la nada.
3.- Abordar sanamente el absurdo. Los dos modos anteriores introducían, de alguna forma, la noción de un absoluto hacia el cual orientar la vida. Del otro lado, está la constatación de la inexistencia de dicho absoluto, y frente a este, el vacío. La pugna para asumir ese vacío es dolorosa desde el momento en el que se reconoce que no habrá algo que valide y garantice lo que se asume como trascendente. Naturalmente, este es el punto con más riesgos, pues frente al Absurdo están tanto el Absoluto y el Vacío, y si se rompe con el Absoluto, el Vacío se ve fortalecido. La enorme posibilidad de caer en el vacío es lo que asusta del absurdo. La gracia está en aprender a sentarse al borde del abismo y caminar por el absurdo, aceptando que la imposibilidad de trascender no es tan mala porque, en el fondo, es, de un lado, extremadamente excepcional hacerlo, y, del otro, funcionalmente innecesario.
La ataraxia, paz hippie, paz zen o como quiera decírsele a la sensación de calma que no desborda el pecho sino que lo purga de preocupaciones puede nutrirse de forma igual de ambas fuentes.
1.- Contemplar la trascendencia en el plano físico e inmediato. Es decir, volcar el sentido de la vida en un ente (lo más sano es que sea otra persona, pero locos nunca han faltado). Si son los hijos, es también una forma de calmar el afán biológico por reproducirse. Si es la pareja, es la potencialidad de calmar ese afán. El problema de esta forma es que se presta a excesos porque, al supeditar el sentido de una vida a otra, el peligro de desdibujar la plena vivencia propia al instrumentalizarla para otra. No es que ello sea malo, por lo contrario, me resulta una forma extrañamente bella de enfocar el problema, es solo que el riesgo del desequilibrio es incluso más grande.
2.- Tener en mente la trascendencia espiritual, ya sea ultraterrenal como dicen los cristianos, o en forma de vida terrena, como buscan los budistas. La búsqueda permanente de la plenitud interna en función de un conjunto de creencias enfocadas en la promesa de la manutención de dicho estado da un norte más independiente que el supuesto anterior. El problema radica en que esto descansa en la fortaleza de dichas creencias, y para alguien que ha sido educada en la duda permanente, resulta difícil establecer algo tan grande sin cuestionarlo. Dicho cuestionamiento resulta útil y puede llegar incluso a fortalecer y enriquecer la creencia, pero también puede tambalearla y destruirla, y ahí volvemos a flotar sobre la nada.
3.- Abordar sanamente el absurdo. Los dos modos anteriores introducían, de alguna forma, la noción de un absoluto hacia el cual orientar la vida. Del otro lado, está la constatación de la inexistencia de dicho absoluto, y frente a este, el vacío. La pugna para asumir ese vacío es dolorosa desde el momento en el que se reconoce que no habrá algo que valide y garantice lo que se asume como trascendente. Naturalmente, este es el punto con más riesgos, pues frente al Absurdo están tanto el Absoluto y el Vacío, y si se rompe con el Absoluto, el Vacío se ve fortalecido. La enorme posibilidad de caer en el vacío es lo que asusta del absurdo. La gracia está en aprender a sentarse al borde del abismo y caminar por el absurdo, aceptando que la imposibilidad de trascender no es tan mala porque, en el fondo, es, de un lado, extremadamente excepcional hacerlo, y, del otro, funcionalmente innecesario.
La ataraxia, paz hippie, paz zen o como quiera decírsele a la sensación de calma que no desborda el pecho sino que lo purga de preocupaciones puede nutrirse de forma igual de ambas fuentes.
miércoles, 31 de julio de 2013
Resultados de sacar un cartel a la plaza
Hace casi una semana saqué un cartel en la plaza de armas de Moyobamba, durante el desfile por el aniversario de la ciudad. Para esto, había un pequeño grupo de antitaurinos con una gigantografía y los cartelitos de la ocasión, y no es que yo esté en contra o a favor de la tauromaquia en sí, sino que a fuerza de hallar tanto antitaurino fanático/maniático tuve que buscar argumentos para mandarlos a callar un rato. El cartel que hice después de verlos un rato decía "Los toros son cultura", lo hice a la volada, sin animos de convencer a nadie y con toda la intención de obtener un poco de entretenimiento barato, y el experimento me ha dejado satisfecha.
Yo estaba parada frente a los antitaurinos, preo cruzando la calle. Obviamente, estaba sola porque es dificil hallar quien secunde este tipo de payasadas, pero se me acercaron dos señoras y me pidieron que les explique qué hacía con un cartel tan mal hecho. Les expliqué que era para molestar a los del otro lado de la calle, y una de ellas me dijo que no me iban a entender el asunto de la cultura, y las dos me pidieron que sea más directa y ponga "Queremos corridas de toros", así que lo hice. Me contaron un poco que les gusta que haya más corridas este año y que les parecía ilógico que hubiese gente marchando para prohibirlas. Después me dijeron que cruce la calle y vaya de frente con los antitaurinos, así que doblé mi cartel y empecé a caminar. Las dos señoras usaban solo sandalias. A media calle me encontré con la que fue la nana de mi papá, la señora más tradicional y arraigada a esta tierra que nadie podría conocer, y le pregunté qué opinaba de los toros. Me dijo que aunque a ella no le gustan mucho, había que ser tolerante, y que siempre había habído corridas de toros en Moyobamba.
Cuando llegué al otro lado de la calle, unos cuantos enternados me miraron con desprecio, uno me dijo que era una salvajada, otro que era sadismo y crueldad, uno más me gritó que le daría vergüenza cargar ese cartel tan inracional (a este le grité que la palabra es irracional, pero que mi cartel era racional). Los típicos notables de pueblo que adoptan la pose liberal de turno sin molestarse en dejar que los varoncitos de la casa laven los platos. Me quede parada esperando a que los antitaurinos mordiesen en anzuelo. Se pararon detrás de mí un tío británico muy desubicado y un pata en sus veintitantos con gorro de hipster, los dos con el polo de la marcha. El tío me agradecío por apoyar la marcha y el otro lo corrigió. Empecé a conversar primero con los dos, luego el cuasihipster se fue y me dejó con el gringo un rato, luego volvió y después apareció una chica a llevarse al gringo. De esas dos charlas saqué cuatro conclusiones respecto del sentido de esta protesta, las tres primeras se desprenden directamente del discurso de esos patas, y la otra la puse yo sobre la mesa. No viene al caso transcribir todo el diálogo, pero aquí van. Son, en lista:
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| Está a un costado, pero que se note el "No es nuestra cultura" |
1.- Hay un fuerte factor cultural de rechazo al foráneo. Moyobamba, como ciudad, tiene una mentalidad absolutamente cerrada en torno a este tema en específico, y frente a esto se conjugan dos factores. El primero es que, dado que antes de la construcción de la carretera marginal había muy pocos migrantes, estos siempre fueron cosa extraña, y ya que la gente aborda a los desconocidos desde el estereotipo, prima el estereotipo más despectivo acerca del serrano. Poco importa que la lánguida economía local resultase dinamizada con esos migrantes. El segundo factor es el más importante, ya que a fuerza de intentar vender la ciudad como un destino turístico sin hacer el menor esfuerzo por invertir en ofrecer algún producto medianamente interesante para el turista promedio, se busca mantener intacta una tradición más inventada que real, sin mayores símbolos o estampas. Frente a esto, la cultura de la sierra lleva varios pasos por delante, y por más pobre que sea un migrante, lleva consigo hábitos y costumbres bastante más notorias. El año pasado se prohibió absurdamente que en las calles sonase música que no fuese propia de la zona durante la fiesta de San Juan, y el resultado fue obviamente tan patético como inútil.Con este antecedente, y ante la mayor difusión de corridas de toros (porque ojo: en Nueva Cajamarca las hay desde hace un buen tiempo), el horror de quien nota que está perdiendo una pelea en su cancha.
2.-Estas protestas antitaurinas en específico (no me atrevo a generalizar) disfrazan una brecha socioeconómica. No es que conociese a la gente con pancartas, pero a fuerza de estar metida en un colegio evangélico durante casi toda mi época escolar reconocí a las caras que estaban ahí.Gente que con suficiente dinero para pagar un colegio privado que, si bien no era tan caro,sigue siendo un colegio privado. Gente con la panza llena y posibilidad de recibir educación superior. Gente con acceso a Internet y ese tipo de comodidades en una de las ciudades con mayor desigualdad en el Perú según el índice Gini. El cuasihipster me hizo notar esto en dos momentos, el primero, cuando quiso desviar la atención dirigiéndose hacia la "decadencia moral de la ciudad" que se evidenciaba en la proliferación de carteles publicitarios con mujeres desnudas, en un intento de atacar alguna sensibilidad de género que no iba al caso. El segundo momento fue el más importante, porque frente al discurso del [populacho pobre] bruto, salvaje e ignorante que disfruta del espectáculo cruel y sangriento de la masacre del probecito torito, aparecía yo a conversar del asunto metiendo a colación lo que va a ser el cuarto punto en esta entrada, que es el tema de la relación con la muerte y la sensación de trascendencia al interior de la tauromaquia. Como tengo todo este vagaje de intelectualoide, me propuse no usar palabras rebuscadas, pero como el pata en cuestión estaba muy metido en las cuestiones de su iglesia, que es el siguiente punto, seguir usando la palabra "espiritual" no me convenía, porque mientras que yo la usaba como opuesto a lo corporal, él la entendía con todo el floro de su iglesia, así que se me ocurrió decir "metaterrenal". El problema es que el prefijo "meta" es extremadamente académico y el tipo se asustó de ver que el debate alturado y con argumentos también existía al otro lado de su posición, y esta no solo la defendía la bola de bestias. Solo atinó a decirme que si toda la gente que ve las corridas pensase tanto como yo, el problema sería distinto. Naturalmente, pensar mucho o poco no tiene nada que ver con la circunstancia que él llamaba problema, y de hecho, esta seguiría exactamente igual. Luego se fue.
3.- Los miembros de la iglesia presbiteriana son los súper elegidos/ gran cagada/ última cocacola del desierto, y como tales seres espirituales que son, viven en un universo paralelo lastimosamente conectado al del resto de mortales. Ok, fácil y exagero, pero diez años rodeada de ellos no me deja duda de que, en el fondo y no tan al fondo, se sienten efectivamente superiores al ciudadano promedio por una fe que, la experiencia me indica, los proclama tan tolerantes como el Jesús que comía con las putas y los choros, pero los hace más sordos que una pared si se intenta explicarles algo distinto del dogma de turno que estén defendiendo. En realidad, esta parte no podía ir antes de lo ya expuesto, pero la tocamos al inicio de la conversación y estaba incluso en el panfleto que repartían invitando a la marcha. Una marcha de fe, una convocatoria a los verdaderos cristianos, un llamado a levantarse frente a decadencia de esta nuestra pobre ciudad asediada por el diablo que se manifiesta en las costumbres de tú ya sabes quienes. Esto por el lado terrenal que tanto se esfuerzan en pulir y refinar con la meta de anular, olvidándose de que esa naturaleza terrenal es el contenedor de toda la vaina espiritualísima que se manejan, y, de momento, la única constancia de que realmente existen y pueden hacer algo. Por el lado espiritual, sobra decir que todos los esfuerzos por vivir únicamente en este plano solo sirve apartándose de la sociedad para vivir en una cueva y cultivar las cuatro hierbas que vas a comer hasta morir de anemia. Vivir en sociedad no es compatible con vivir meramente en un plano espiritual porque desvincula a la persona de su realidad más inmediata, y mientras que esto estaba de moda entre los monjes de convento y era muy prestigioso en la época medieval, cabe recordar que vivimos en el siglo XXI y que ya se han acabado los tiempos en los que se podía hacer eso sin que nadie fuese a revisar si se estaba clínicamente loco. Para este caso específico, el resultado es un panfleto que pretende hablar de teología, psicología, psiquiatría, sociología y filosofía, pero escuda y defiende sus inexactitudes (que son muchas y peligrosas) diciendo que está dirigido a los creyentes. O sea, ser creyente te hace no sé si automáticamente estúpido como para que se dirijan a ti de ese modo, haciéndote indigno de un poco de rigor al tratar temas espinozos; o si esa es la usanza al dirigirse a los creyentes, lo que nos deja el típico sabor en la boca a usamoslareligiónparaengañaryembrutecer, pero que tanto se esfuerzan en limpiar hacia afuera.
4.-Por último, la desmitificación o desritualización de la muerte. Esto juega a nivel mucho más general y merece un tratamiento más detallado, pero ahora me limitaré a la parte que le expuse al gringo cuando su amigo lo abandonó. La religión, en su discurso más retrógrado, niega la vida como fin en sí misma y la afirma comosacrificio/tablón de méritos para la vida ulterior. La muerte es aquí una puerta hacia esa próxima vida, el momento cumbre de esta vida terranal mugrosa, una puerta bonita. Pero nadie te dice nada sobre cómo afrontar la puerta en sí misma, y ahí es donde se jode todo. La ciencia que nos demuestra que es posible prolongar una vida que ya aburre a su portador, la ciencia que nos muestra que le podemos sacar la vuelta a la muerte un rato y que, en ese trance, se vuelve la principal preocupación y agonía de quienes se aferran a ella. Frente al miedo que provoca, se ha logrado subvertir este miedo bajo la fe en la ciencia, pero a costa de negar la muerte como parte del ciclo de la vida. Con todo esto se genera una ficción que desdibuja los bordes de la existencia y ayuda a perder el norte en este tipo de cuestiones, se desacratiza el único elemento que es seguro en la vida. Y todo el floro usual respecto a la muerte, que nos homologa, que es el fin del sufrimiento (también de las alegrías, pero nadie consuela anadie con esto), que su cercanía es lo que nos hace valorar y aferrarnos con más fuerza a la vida, y lo que nos obliga a buscarle algún sentido. Pero qué más da si podemos creer que no es el cierre definitivo por un rato. Con todo esto detrás, resulta coherente banalizar la ritualidad destrás de la tauromaquia a un espectáculo sangriento para salvajes, dejando de lado que el baile con la muerte que representa está íntimamente relacionado con algún tipo de catarsis referente a la vida. Le dije al gringo que, con un cariz bastante diferente, el énfasis que se hace en la muerte de Jesús tiene mucho de esto, y que es un ejercicio ocioso hacer toda la sistematización que yo hago del tema, porque en el fondo la aprehensión de esta experiencia no puede ser más conceptual que vivencial, sería ilógico que funcionase de otra forma. El gringo pareció escuchar, pero no había punto en intentar convencerlo. Otro esclavo del ideal de turno. Luego fueron a buscarlo para algo con los padrones de firmas que tenía en el bolso y se fue.
Obviamente, yo no iba a convencer a nadie. Tampoco me interesa figuretear. No sé si buscaba hallar algo específico con el cartel, pero sirvió, durante una hora, para evidenciar los disfraces de turno de los projuicios de toda la vida.
viernes, 19 de julio de 2013
La esencia del ávatar
El primer punto a tener en cuenta para determinar la naturaleza del ávatar aparece en los últimos capítulos del libro fuego, y lo da la tortuga-león: en el principio fue la energía. La especialización en elementos específicos viene luego, y a pesar de ser tan tangible, Toph y su metal-control demuestran que es también artificial, aún si se asume como natural. De esta naturalización son prueba todos los animales a los que es inherennte algún tipo de control. El camino del ávatar Aang en ese momento consiste en ir a la inversa de esos procesos de especialización y llegar al control de esa energía original.
Partiendo de que es labor del ávatar mantener el equlibrio entre las naciones, y entendiendo que la esencia del ávatar están en controlar los cuatro elemenos, esto es, en controlar la energía a un nivel más amplio que el promedio de la gente, podríamos extrapolar que la energía no distingue elementos a priori. Siguiendo esto, y dado que esa energía no es exclusiva de la especie humana, asumo que esta existía de forma libre en el mundo, por sobre la materia. Así podría pensar en una amalgama de elementos, algo así como una sopa cósmica, que va tomando diferentes formas de acuerdo con la energía que la ordena. Entonces, esa energía que existe por encima del plano físico determina y se manifiesta a través de este, y por lo tanto, la esencia de lo que sería luego el ávatar existía ya desde el inicio mismo del universo. Recordemos, pues, que el mismo concepto de ávatar, que es la manifestación de un dios en un cuerpo, o su encarnación, de acuerdo con otras traducciones. Ya que en el mundo de Aang no se menciona a ningún tipo de dios es particular, sobreentenderé que no hay ninguno, y el principio de trascendencia y órden que rige ese mundo será la energía, por lo que el ávatar no es solo quien controla los cuatro elementos, sino quien, tal como Aang demuestra, controla la energía de la que es manifestación de forma excepcional.
La pregunta grande está en por qué resulta siendo un humano quien encarna el ávatar, habiendo también otras criaturas que controlan los elementos y otros seres espirituales. A las finales, al nivel ontológico y trascendental en el que se mueve esa energía absoluta que rige el universo, la especie humana no tendría mayor mérito en sí misma frente a las otras. Lo bueno de esto es que la próxima temporada de la leyenda de Korra estará esbozando una respuesta a esto, presentando en flashbacks la historia del primer ávatar. La poca información que hay de momento al respecto apunta a que el pata que llega a ser ávatar buscaba un punto de equilibrio entre el mundo físico y el mundo de los espíritus, y es ello lo que lo empuja a convertirse en ávatar, en encarnar en sí esa voluntad de órden.
De esta forma, ahí aparece el mérito de la especie humana, no en ninguna habilidad especial o en algo inherente a su existencia física, porque eso sería tan fácil como arbitrario. La gracia de los humanos está en que se asume el compromiso de afrontar el caos en pos de un bienestar general, el cual es el paso que no dan ni los otros seres espirituales ni los otros animales que controlan algún elemento. Así avanzamos del universo del ávatar Aang al libro de formación cívica de mi hermano, porque de alguna forma ambos dan a entender que son el compromiso y la voluntad de crear un mejor mundo común son aquello a lo que deben aferrarse las esperanzas en la sociedad, más que a la técnica que se desarrolle en función de ello.
martes, 2 de julio de 2013
Cuando murió el cien cabezas
Borges se refiere al cien cabezas como un monstruo creado por el karma acumulado de un brahmán que insultaba a otros monjes llamándolos 'cabeza de mono', 'cabeza de perro' o de cualquier otro animal. Al reencarnar el monge, lo hizo en un pez con todas las cabezas con las que insultaba. En algún momento, unos pescadores lo sacaron a la orilla y Budha, que pasaba por ahí, le preguntó si era Kapila. El monstruo dijo que sí y murió.
La vida del cien cabezas seguro sería un caos tratando de conciliar tantas naturalezas contrapuestas, luchando para satisfacer las necesidades disímiles de cada una, mientras que talvez entre ellas, de cuando en cuando, quisieran matarse. Todo eso unido a la existencia, ante todo, como pez. No sé que tanto sumaría esto al conflicto entre las cabezas, pero ya que el cuerpo tenía también una naturaleza distinta, ninguna cabeza podría satisfacerse a cabalidad nunca. El cien cabezas era muchos, y el conflicto permanente.
Si el cien cabezas muere cuando Budha le pregunta por su identidad anterior, es porque ello lo lleva a recordar la unicidad que se le había diluído entre tantas cabezas. Es ese el momento en el que vislumbra la única salidad a todos sus problemas. Si en vida era muchos porque era muchas cabezas, en la muerte sería un único cuerpo inerte.
La vida del cien cabezas seguro sería un caos tratando de conciliar tantas naturalezas contrapuestas, luchando para satisfacer las necesidades disímiles de cada una, mientras que talvez entre ellas, de cuando en cuando, quisieran matarse. Todo eso unido a la existencia, ante todo, como pez. No sé que tanto sumaría esto al conflicto entre las cabezas, pero ya que el cuerpo tenía también una naturaleza distinta, ninguna cabeza podría satisfacerse a cabalidad nunca. El cien cabezas era muchos, y el conflicto permanente.
Si el cien cabezas muere cuando Budha le pregunta por su identidad anterior, es porque ello lo lleva a recordar la unicidad que se le había diluído entre tantas cabezas. Es ese el momento en el que vislumbra la única salidad a todos sus problemas. Si en vida era muchos porque era muchas cabezas, en la muerte sería un único cuerpo inerte.
lunes, 1 de julio de 2013
Sí, con fe
Situación A
-¿Estudiaste ?
-Naaa... con fe
-Sí, con fe
Situación B
-¿Estudiaste?
-En realidad, no
-Ah, con fe
-Sí, con fe, es mi esperanza en medio de nada
-...
La fe, entonces, es para los vagos y los irresponsables. En su estado natural parece que no sirve de nada, pero luego viene la situación B y si bien no se descuadra todo, porque no importa tanto, te recuerda que la fe era más que una excusa cuando no estudiaste. Nunca absoluta, en realidad, a estas alturas, cualquier referencia a la fe no tiene nada que ver con algo trascendente, sino con un mero azar. Es curioso como el habla común ha banalizado el tema de la fe hasta tal punto que si alguien se refiere a ella como una esperanza en medio de nada, es porque hay dos opciones: estamos frente a una persona tan nihilista que, a falta de algún tipo de sentido que llene 'eso' que se ha vuelto nada, se lo ha encomendado todo al azar, lo que implica un desapego brutal con respecto a ese 'eso' y también, por qué no, una negación de toda agencia con respeto a la vida propia. La otra opción, que es la más probable, es que la persona en cuestión tenga esa fe enfocada en algo trascendente para ella, por ejemplo, dios, y que sea realmente una esperanza activa en aquello que se espera. Alguien de esa especie en extinción que son los creyentes.
-¿Estudiaste ?
-Naaa... con fe
-Sí, con fe
Situación B
-¿Estudiaste?
-En realidad, no
-Ah, con fe
-Sí, con fe, es mi esperanza en medio de nada
-...
La fe, entonces, es para los vagos y los irresponsables. En su estado natural parece que no sirve de nada, pero luego viene la situación B y si bien no se descuadra todo, porque no importa tanto, te recuerda que la fe era más que una excusa cuando no estudiaste. Nunca absoluta, en realidad, a estas alturas, cualquier referencia a la fe no tiene nada que ver con algo trascendente, sino con un mero azar. Es curioso como el habla común ha banalizado el tema de la fe hasta tal punto que si alguien se refiere a ella como una esperanza en medio de nada, es porque hay dos opciones: estamos frente a una persona tan nihilista que, a falta de algún tipo de sentido que llene 'eso' que se ha vuelto nada, se lo ha encomendado todo al azar, lo que implica un desapego brutal con respecto a ese 'eso' y también, por qué no, una negación de toda agencia con respeto a la vida propia. La otra opción, que es la más probable, es que la persona en cuestión tenga esa fe enfocada en algo trascendente para ella, por ejemplo, dios, y que sea realmente una esperanza activa en aquello que se espera. Alguien de esa especie en extinción que son los creyentes.
jueves, 27 de junio de 2013
La primera crisis existencial de un niño
Una amiga me contó que hace unas semanas, mientras cenaban en su casa,
su hijo preguntó cuándo fue eso de lo que hablaban, y cuando le
contestaron que fue antes de que naciese, se puso a llorar tratando de
convencer a los demás de que él había existido siempre. Su mamá
diciéndole que ela había existido antes que él y su mamama antes que
ella no servían. El niño había tenido su primera crisis existencial.
Me parece curiosa la anécdota porque es muy ilustrativa del momento
doloroso de la toma de conciencia de los límites temporales de la propia
existencia. No creo que a todos les pase de la misma manera, y incluso
puedo dudar de que sea lo usual que a alguien le caiga tan de golpe una
revelación de ese tipo, lo usual debe ser asimilar el asunto sin
trámites y solo tomar conciencia de ello cuando alguien cercano, o en su
defecto, la mascota de turno, muera.La aprehensión de la noción del tiempo resulta realmente compleja cuando se parte de es la propia existencia temporal el único momento en el que se va a dar la relación con el mundo, y con ello llega la noción de que el mundo va a segir tal cual más allá de la existencia propia. Las personas más crecidas ya han asumido la cuestión como la condición inexorable de la vida humana, pero para un niño resulta diferente porque el mundo es concebido todavía desde un 'yo' muy fuerte, casi como si el mundo existiese solo por y para sí, como si la existencia de la persona fuese la condición necesaria para la existencia del mundo, y no viceversa.
jueves, 20 de junio de 2013
Bohemian Rhapsody
La Bohemian Rhapsody es una canción alucinante no solo por ser una de las canciones más sonadas de Queen, porque eso es una tautología absurda, sino porque es realmente muy buena canción. Mayor crítica musical no estoy en condiciones de hacer, pero ya que me ha resultado muy interesante la narrativa interna que presenta, hablaré de ella.
Para empezar, hay seis momentos bien definidos en toda la canción, que se notan muy bien en cuanto a la música, y la gloriosa Wikipedia ya se ha encargado de hacer un largo análisis en cuanto a eso. En general, he hallado que toda la trama se centra en un tema que es muy común en los grandes hitazos de la literatura, esto es, un descenso al infierno. Ulises, Orfeo, Dante y Jesús, en diferentes formas y con diferentes motivaciones, también lo ha hecho. En este caso, la causa del descenso está muy clara: es el castigo por un asesinato, mientras el chico le va cantando a su madre que se va como si estuviera huyendo talvez de su propia culpa. Luego de eso es cuando es atrapado por demonios y otros entes que, al parecer, se disputan su alma. Es la parte del coro imponente que hay luego del canto triste, y es una caída caótica en la que la mención a personajes tan disímiles como Galileo Galilei, Scaramouche, un personaje de una novela ambientada en la Francia del siglo XVIII, o Belcebú da la impresión de una pelea brutal por el alma del muchacho. Luego huye y se libera, escapa e incluso se burla un poco de haber logrado salir, en la parte más enérgica de la canción, la de los solos de guitarra. Luego de eso me pierdo, porque si bien la parte final no es estrictamente similar a la del coro a capella del inicio, me parece que hay una cierta reminiscencia a este inicio, y teniendo en cuenta la letra, es como si el inicio fuese un despertar después de la peripecia vivida, y encierra con ello una cierta ciclicidad en cuanto a quién está contando la historia.
Otro día pongo la letra para que maso se entienda a qué me refiero.
Para empezar, hay seis momentos bien definidos en toda la canción, que se notan muy bien en cuanto a la música, y la gloriosa Wikipedia ya se ha encargado de hacer un largo análisis en cuanto a eso. En general, he hallado que toda la trama se centra en un tema que es muy común en los grandes hitazos de la literatura, esto es, un descenso al infierno. Ulises, Orfeo, Dante y Jesús, en diferentes formas y con diferentes motivaciones, también lo ha hecho. En este caso, la causa del descenso está muy clara: es el castigo por un asesinato, mientras el chico le va cantando a su madre que se va como si estuviera huyendo talvez de su propia culpa. Luego de eso es cuando es atrapado por demonios y otros entes que, al parecer, se disputan su alma. Es la parte del coro imponente que hay luego del canto triste, y es una caída caótica en la que la mención a personajes tan disímiles como Galileo Galilei, Scaramouche, un personaje de una novela ambientada en la Francia del siglo XVIII, o Belcebú da la impresión de una pelea brutal por el alma del muchacho. Luego huye y se libera, escapa e incluso se burla un poco de haber logrado salir, en la parte más enérgica de la canción, la de los solos de guitarra. Luego de eso me pierdo, porque si bien la parte final no es estrictamente similar a la del coro a capella del inicio, me parece que hay una cierta reminiscencia a este inicio, y teniendo en cuenta la letra, es como si el inicio fuese un despertar después de la peripecia vivida, y encierra con ello una cierta ciclicidad en cuanto a quién está contando la historia.
Otro día pongo la letra para que maso se entienda a qué me refiero.
sábado, 15 de junio de 2013
Sobre ser humano
A estas alturas, la mayoría de mis conceptos sobre lo que podría ser irrelevante o innecesario se han ido al traste. Como ejemplo, la distinción entre humano, persona, ser humano o sujeto de derecho. Para ilustrarlo, voy a hablar de Hora de Aventura, y en concreto, de Finn el Humano.
En la Tierra de Ooo, a Finn le dicen humano tal como a Jake le dicen perro, esto es, como mera alusión a su especie, con una simple pretensión denominativa absolutamente neutra en cuanto a moralidad, por usar el ejemplo más machacado. La misma cuestión juega para los hihumanos, pero antes de ver ello vamos a saltar la noción de persona como individuo de especie humana y vamos a tomar el que la etimología le asigna como predecesor, que es el de máscara. El concepto de persona, tal como lo manejamos, pierde sentido en Ooo, asi que si se me ocurre alguna forma de abordarlo, será luego. En cambio, como máscara, es decir, como proyección de lo que esté encubriendo, viene a resultar válido referirse a los habitantes del Dulce Reino como personas, si se quiere estirar aún más el concepto y sobreentender que la dimensión social de la existencia impone máscaras, aún si los dulces habitantes no califiquen nunca como humanos.
En cambio, la expresión "ser humano" generalmente se usa ya sea como eufemismo o como recurso enfático a cuya construcción no se le da mayor énfasis, y es aquí donde considero necesario detenerse. "Ser" puede entenderse en su acepción de "ente", y con ello nos quedamos en la parte de recurso semántico, pero si, en cambio, vemos ese "ser" como verbo, se pone interesante, en tanto que el verbo implica algún tipo de acción. Sin embargo, el verbo ser es único en su clase porque es un verbo sustantivo, esto es, que va a denotar algún tipo de existencia real e independiente en sí misma, y en oposición a otros verbos que puedan por su cuenta indicar algo sobre el sujeto en la oración, es un verbo que, para evitar mayores complicaciones, tiene al costado algo que le preste su contenido. Sin dicho complemento, no es que el verbo quede vano y vacío, al contrario, queda en "ser" la potencialidad de ser todo, porque mientras que el complemento va a delimitarlo, sin él existe en libertad. Por eso cuando recordamos a Hamlet vemos, en una pregunta tan célebre como simple, la inmensidad de su duda. Ser algo implica un compromiso activo con ese algo, un compromiso que carga de sentido el algo que se prentende ser y borra las neutralidades, y no serlo implica solo la negación de ese algo. Por ende, y si bien "humano" puede darse el lujo de ser una cuestión bastante neutra, lo de ser humano requiere necesariamente de cargar lo humano de algún tipo de sentido. Para quienes necesiten referirse a Finn, bastará con llamarlo humano para aludir a su unicidad en cuanto a especie, y resultaría vano referirse a él como "ser humano" porque, a falta del concenso de los humanos sobre lo que ellos implica, para seres de otras especies no tiene mayor relevancia.
Es entre humanos que se ha optado por hablar también del ser humano y no solo del humano, talvez porque intuitivamente es propio de la existencia tratar de hallarle algún sentido, y ese sentido podría estar, tan bien como en cualquier otro lado, en cumplir con alguna suerte, o retazo, qué sé yo, de determinismo biológico que prentenda ligar el sentido de la vida con cumplir con aquello que por "naturaleza" califique como humano. Y casi por antonomasia se le achaca a la naturaleza lo bueno y lo bello, así que al llenar de ese contenido al humano es que se completa aquello con lo que el "ser" debera contener.
Por lo anterior resulta entendible que los actos más encomiables de altruismo sean considerados muy "humanos", a la vez que no resulta paradójico llamar "inhumanos" a actos ejecutados por humanos pero que contradigan ese sentido muy particular. En la Tierra de Ooo, naturalmente, ninguna de estas distinciones tiene alguna trascendencia.
En la Tierra de Ooo, a Finn le dicen humano tal como a Jake le dicen perro, esto es, como mera alusión a su especie, con una simple pretensión denominativa absolutamente neutra en cuanto a moralidad, por usar el ejemplo más machacado. La misma cuestión juega para los hihumanos, pero antes de ver ello vamos a saltar la noción de persona como individuo de especie humana y vamos a tomar el que la etimología le asigna como predecesor, que es el de máscara. El concepto de persona, tal como lo manejamos, pierde sentido en Ooo, asi que si se me ocurre alguna forma de abordarlo, será luego. En cambio, como máscara, es decir, como proyección de lo que esté encubriendo, viene a resultar válido referirse a los habitantes del Dulce Reino como personas, si se quiere estirar aún más el concepto y sobreentender que la dimensión social de la existencia impone máscaras, aún si los dulces habitantes no califiquen nunca como humanos.
En cambio, la expresión "ser humano" generalmente se usa ya sea como eufemismo o como recurso enfático a cuya construcción no se le da mayor énfasis, y es aquí donde considero necesario detenerse. "Ser" puede entenderse en su acepción de "ente", y con ello nos quedamos en la parte de recurso semántico, pero si, en cambio, vemos ese "ser" como verbo, se pone interesante, en tanto que el verbo implica algún tipo de acción. Sin embargo, el verbo ser es único en su clase porque es un verbo sustantivo, esto es, que va a denotar algún tipo de existencia real e independiente en sí misma, y en oposición a otros verbos que puedan por su cuenta indicar algo sobre el sujeto en la oración, es un verbo que, para evitar mayores complicaciones, tiene al costado algo que le preste su contenido. Sin dicho complemento, no es que el verbo quede vano y vacío, al contrario, queda en "ser" la potencialidad de ser todo, porque mientras que el complemento va a delimitarlo, sin él existe en libertad. Por eso cuando recordamos a Hamlet vemos, en una pregunta tan célebre como simple, la inmensidad de su duda. Ser algo implica un compromiso activo con ese algo, un compromiso que carga de sentido el algo que se prentende ser y borra las neutralidades, y no serlo implica solo la negación de ese algo. Por ende, y si bien "humano" puede darse el lujo de ser una cuestión bastante neutra, lo de ser humano requiere necesariamente de cargar lo humano de algún tipo de sentido. Para quienes necesiten referirse a Finn, bastará con llamarlo humano para aludir a su unicidad en cuanto a especie, y resultaría vano referirse a él como "ser humano" porque, a falta del concenso de los humanos sobre lo que ellos implica, para seres de otras especies no tiene mayor relevancia.
Es entre humanos que se ha optado por hablar también del ser humano y no solo del humano, talvez porque intuitivamente es propio de la existencia tratar de hallarle algún sentido, y ese sentido podría estar, tan bien como en cualquier otro lado, en cumplir con alguna suerte, o retazo, qué sé yo, de determinismo biológico que prentenda ligar el sentido de la vida con cumplir con aquello que por "naturaleza" califique como humano. Y casi por antonomasia se le achaca a la naturaleza lo bueno y lo bello, así que al llenar de ese contenido al humano es que se completa aquello con lo que el "ser" debera contener.
Por lo anterior resulta entendible que los actos más encomiables de altruismo sean considerados muy "humanos", a la vez que no resulta paradójico llamar "inhumanos" a actos ejecutados por humanos pero que contradigan ese sentido muy particular. En la Tierra de Ooo, naturalmente, ninguna de estas distinciones tiene alguna trascendencia.
jueves, 13 de junio de 2013
Sobre la conmoción
Es cierto que ciertos temas no pueden abordarse sin que hayan provocado, más allá de un llamado a la conciencia, un verdadero choque a nivel del ánimo. Esto explica por qué, si bien nadie tolera la crueldad hacia los animales abandonados, son pocos los que sentirán real culpa y remordimiento por no hacer nada frente a ello, mientras que el grueso de la gente más bien pasará de largo sintiéndo un poco de lástima. Cuestión totalmente diferente si en vez de animales en la calle hablamos de personas. Y diametralmente diferente si esas personas son, de un lado, campesinos quechuahablantes que viven dos cerros más allá del fin del mundo, una estadística en los índices de desnutrición o gente como uno que vive en la ciudad y se siente el reflejo de lo que la sociedad considera bueno. Los grados de conmoción que se generen están condicionados por qué tanto se identifique uno con el sujeto del problema en cuestión, la compasión es optativa en todos los casos, y un poco de empatía es requisito para ella.
Para todos aquellos que buscan vivir de sus pasiones, este asunto de sentirse afectados casi permanentemente por lo que contemplan es necesario para poder mantener viva esa pasión. La afectación tiene que trascender el campo de lo razonable y llegar, de alguna forma, a mover también emocionalmente a la persona, sin que esto signifique que lo que no llegue directa e irracionalmente al sentimiento no sea válido, sino que, por el contrario, lo que llega al sentimiento desde la razón es lo que mejor arraigo tiene para mantenerse vivo en ambos campos. Cuando esto no pasa, hablamos de cuestiones efímeras. Y cuando pasa, hablamos de afectos, esto es, de las pasiones que llegan al ánimo.
Hay campos que, ya sea por su alta abstracción o por su necesaria concreción física, resultan menos pasibles de generar algún tipo de afectación anímica. Por ejemplo, la construcción de un edificio no necesita ningún tipo de sentimiento para ser llevada a cabo. ¿Qué vincularía al ingeniero a sentir por ese edificio algo más allá del cariño típico de toda persona por las obras propias? ¿Habría algo que los obreros involucrados valorasen en ese edificio más allá del salario que estan recibiendo? Lo único que podría responder esas preguntas tendría que ligarse a los fines trascendentes de ese edificio, que vendrían a ser, a modo de ejemplo, las personas que lo habitarán. La vinculación real con la obra existe en tanto se halle un elemento con el que se pueda identificar una causa trascendente. Por eso mucha gente que quiere hallar la justicia busca estudiar derecho.
Bien sabido es que basta con poner un cartel que diga "abogado" para recibir un baño directo de la realidad circundante y de sus problemas objetivos. Esto sería suficiente para considerar al derecho una de las carreras más humanas en el mercado laboral, y sin embargo, el estigma del abogado es ser considerado todo lo contrario, porque más allá del sentimiento que pueda generarse en la experiencia directa, el estudio del derecho requiere de una abtracción impersonal y fría primordialmente, a pesar de que el recordatorio permanente debería ser que todas esas cuestiones redundan en la vida de las personas. Por eso la práctica del derecho resulta un vínculo válido entre la realidad y los afectos, mientras que su estudio deviene en una de las deformaciones profesionales más usuales o más estereotipadas, que es ver a la persona como quien debe servir al derecho,y no viceversa.
Tema diferente es dedicarse al estudio de otros temas, usualmente filosóficos, porque a la persona promedio le generan, en tiempos variables, crisis existenciales de diferentes magnitudes, una vez se logra el contacto entre la abstracción con la que se esté trabajando, que es usualmente metafísica, y algún tema personal, o cuando esa abtracción logra hacerse un nicho en el fuero interno. Ahí es cuando te vas de cara contra algo que solo quieres solucionar para tu tranquilidad, porque la conmoción es tal que, a pesar de que el problema no tenga ninguna relevancia en el plano práctico, y de hecho, ninguna existencia si no la metafísica, llega a afectar el plano físico de la existencia del pobre diablo que se llena la cabeza con esas cosas. Esa es una vía rápida para alguna forma, controlable en la mayoría de los casos, de locura.
Para todos aquellos que buscan vivir de sus pasiones, este asunto de sentirse afectados casi permanentemente por lo que contemplan es necesario para poder mantener viva esa pasión. La afectación tiene que trascender el campo de lo razonable y llegar, de alguna forma, a mover también emocionalmente a la persona, sin que esto signifique que lo que no llegue directa e irracionalmente al sentimiento no sea válido, sino que, por el contrario, lo que llega al sentimiento desde la razón es lo que mejor arraigo tiene para mantenerse vivo en ambos campos. Cuando esto no pasa, hablamos de cuestiones efímeras. Y cuando pasa, hablamos de afectos, esto es, de las pasiones que llegan al ánimo.
Hay campos que, ya sea por su alta abstracción o por su necesaria concreción física, resultan menos pasibles de generar algún tipo de afectación anímica. Por ejemplo, la construcción de un edificio no necesita ningún tipo de sentimiento para ser llevada a cabo. ¿Qué vincularía al ingeniero a sentir por ese edificio algo más allá del cariño típico de toda persona por las obras propias? ¿Habría algo que los obreros involucrados valorasen en ese edificio más allá del salario que estan recibiendo? Lo único que podría responder esas preguntas tendría que ligarse a los fines trascendentes de ese edificio, que vendrían a ser, a modo de ejemplo, las personas que lo habitarán. La vinculación real con la obra existe en tanto se halle un elemento con el que se pueda identificar una causa trascendente. Por eso mucha gente que quiere hallar la justicia busca estudiar derecho.
Bien sabido es que basta con poner un cartel que diga "abogado" para recibir un baño directo de la realidad circundante y de sus problemas objetivos. Esto sería suficiente para considerar al derecho una de las carreras más humanas en el mercado laboral, y sin embargo, el estigma del abogado es ser considerado todo lo contrario, porque más allá del sentimiento que pueda generarse en la experiencia directa, el estudio del derecho requiere de una abtracción impersonal y fría primordialmente, a pesar de que el recordatorio permanente debería ser que todas esas cuestiones redundan en la vida de las personas. Por eso la práctica del derecho resulta un vínculo válido entre la realidad y los afectos, mientras que su estudio deviene en una de las deformaciones profesionales más usuales o más estereotipadas, que es ver a la persona como quien debe servir al derecho,y no viceversa.
Tema diferente es dedicarse al estudio de otros temas, usualmente filosóficos, porque a la persona promedio le generan, en tiempos variables, crisis existenciales de diferentes magnitudes, una vez se logra el contacto entre la abstracción con la que se esté trabajando, que es usualmente metafísica, y algún tema personal, o cuando esa abtracción logra hacerse un nicho en el fuero interno. Ahí es cuando te vas de cara contra algo que solo quieres solucionar para tu tranquilidad, porque la conmoción es tal que, a pesar de que el problema no tenga ninguna relevancia en el plano práctico, y de hecho, ninguna existencia si no la metafísica, llega a afectar el plano físico de la existencia del pobre diablo que se llena la cabeza con esas cosas. Esa es una vía rápida para alguna forma, controlable en la mayoría de los casos, de locura.
jueves, 6 de junio de 2013
Francisco Izquierdo Ríos y la falta de historias de la selva
Hace unos cuanto años, en el colegio, se le puso de moda un par de meses la lectura de autores amazónicos, y nos mandaron a leer un libro de cuentos cortito, creo que reeditado por el gobierno regional justo ese año, de un tipo prácticamente desconocido del cual no dijeron nada en ninguna clase. Leí el libro por cumplir y no le di más vueltas al asunto, hasta que hace un par de días recordé el tema y me puse a investigar un poco en la biblioteca. El tipo en cuestión, Francisco Izquierdo Ríos, resulta ser, según Wikipedia, uno de los narradores peruanos más importantes del siglo XX, y si tengo que citar a la Wikipedia es porque en ninguna clase, ni de taquito, he escuchado alguna referencia.
Su literatura se centra en la selva, con un gusto a costumbrismo, y abarca cuentos, novelas, poesía y ensayo. Podría tener similitudes con lo que fue el indigenismo para la sierra, pero un tema central es que no pretende caracterizar a un otro extraño, como vendría ser el indígena, sino que pretende retratar al propio, solo que ese propio resulta ser alguien de la selva. La selva, más omitida que ignorada en el discurso nacional, hace tiempo que urge de representación incluso al interior del discurso académico que se reconoce como el más pluralista e inclusivo en el mundo universitario, cuyo gran logro ha sido poner en boga las representaciones de la sierra andina y elevarlas a elemento de orgullo nacional con el que todo peruano debería identificarse. No tengo nada en contra de ello, pero si miramos al Perú desde cerca al mar, resulta que hay más país pasando la cordillera, pero ese trozo de país parece no importar más allá del Baguazo (a cuatro años y un día del evento, había que traerlo a colación, aún si son cada vez menos los que lo recuerdan).
Mi intención no es hacer de esta entrada una diatriba sobre esa marginación, sino desarrollar un poco la importancia de poner en valor la obra de Izquierdo Ríos. Más allá de su valor literario objetivo (si tal cosa existe), está la necesidad de que exista un discurso para la selva, uno que no solo represente nativos genéricos en taparrabos (bajo el nombre técnico de "indígenas amazónicos"), árboles y animales, sino uno que pueda fungir como vehículo de identidad para el sector urbano y rural no indígena, que es el que no está de moda para las ONGs con financiamiento extranjero. Una gran tara en el Perú es que el Estado y el discurso nacional se construyen desde Lima sin molestarse en mirar hacia el interior, y hay una infinidad de ejemplos que servirían para esto. La televisión nacional es la que se emite desde Lima, y sus malos noticieros inundan los televisores de todo el país como si a la gente solo la atropellasen en la Panamericana Norte. Para un niño que mira televisión todos los días, es más fácil saber de Lima que de su propia ciudad.
De forma más preocupante, ese patrón se repite en la currícula escolar, que para los cursos de historia solo recoge los hechos relevantes para Lima desde la colonia hasta Velasco, porque lo de los años ochenta todavía es tema delicado, y no hay más que un apartado mísero de algo de un mes en el que se puede enseñar a cada ciudad de provincia la fecha de su fundación española y, con suerte, quienes fueron los de las avenidas principales. Frente a esto, la persona promedio crece con un vacío conceptual respecto del sitio en el que está parado, y no por falencia propia. Esta carencia hace más simple para una persona alienarse, y tal como se señala en el video que pongo más abajo, supone un riesgo tremendo para la identidad colectiva e individual en cuestión.
Si bien habla en el video una mujer nigeriana sobre el contraste entre la literatura inglesa con la africana, se puede seguir esa misma lógica para entender cómo la construcción de un discurso que le niega voz propia a la selva es un verdadero problema cuando luego se espera ciudadanos concientes.
Queda pendiente, como secuela de esta entrada, algo consistente sobre Izquierdo Ríos, pero eso será cuando haya leído suficiente al respecto.
Su literatura se centra en la selva, con un gusto a costumbrismo, y abarca cuentos, novelas, poesía y ensayo. Podría tener similitudes con lo que fue el indigenismo para la sierra, pero un tema central es que no pretende caracterizar a un otro extraño, como vendría ser el indígena, sino que pretende retratar al propio, solo que ese propio resulta ser alguien de la selva. La selva, más omitida que ignorada en el discurso nacional, hace tiempo que urge de representación incluso al interior del discurso académico que se reconoce como el más pluralista e inclusivo en el mundo universitario, cuyo gran logro ha sido poner en boga las representaciones de la sierra andina y elevarlas a elemento de orgullo nacional con el que todo peruano debería identificarse. No tengo nada en contra de ello, pero si miramos al Perú desde cerca al mar, resulta que hay más país pasando la cordillera, pero ese trozo de país parece no importar más allá del Baguazo (a cuatro años y un día del evento, había que traerlo a colación, aún si son cada vez menos los que lo recuerdan).
Mi intención no es hacer de esta entrada una diatriba sobre esa marginación, sino desarrollar un poco la importancia de poner en valor la obra de Izquierdo Ríos. Más allá de su valor literario objetivo (si tal cosa existe), está la necesidad de que exista un discurso para la selva, uno que no solo represente nativos genéricos en taparrabos (bajo el nombre técnico de "indígenas amazónicos"), árboles y animales, sino uno que pueda fungir como vehículo de identidad para el sector urbano y rural no indígena, que es el que no está de moda para las ONGs con financiamiento extranjero. Una gran tara en el Perú es que el Estado y el discurso nacional se construyen desde Lima sin molestarse en mirar hacia el interior, y hay una infinidad de ejemplos que servirían para esto. La televisión nacional es la que se emite desde Lima, y sus malos noticieros inundan los televisores de todo el país como si a la gente solo la atropellasen en la Panamericana Norte. Para un niño que mira televisión todos los días, es más fácil saber de Lima que de su propia ciudad.
De forma más preocupante, ese patrón se repite en la currícula escolar, que para los cursos de historia solo recoge los hechos relevantes para Lima desde la colonia hasta Velasco, porque lo de los años ochenta todavía es tema delicado, y no hay más que un apartado mísero de algo de un mes en el que se puede enseñar a cada ciudad de provincia la fecha de su fundación española y, con suerte, quienes fueron los de las avenidas principales. Frente a esto, la persona promedio crece con un vacío conceptual respecto del sitio en el que está parado, y no por falencia propia. Esta carencia hace más simple para una persona alienarse, y tal como se señala en el video que pongo más abajo, supone un riesgo tremendo para la identidad colectiva e individual en cuestión.
Queda pendiente, como secuela de esta entrada, algo consistente sobre Izquierdo Ríos, pero eso será cuando haya leído suficiente al respecto.
sábado, 25 de mayo de 2013
Hansel, Gretel y la evolución de los cuentos
Los hermanos Grimm, Charles Perrault, Hans Christian Andersen y otros cuantos se encargaron de compilar los cuentos de hadas que llenan una buena parte del imaginario colectivo común de las sociedades occidentales, más allá de las variaciones locales o la disneyificación de la gran mayoría de esos cuentos. Con la última moda de Hollywood de adaptar estos cuentos, alejándolos brutalmente de sus versiones originales, he escuchado muy seguidamente la crítica de que se pierde el sentido del cuento al convertirlo en una película, pero a mí realmente me gusta ver ese tipo de transformaciones.
Todas las historias de los cuentos de hadas parten de un mito, pero dicho mito original viene a ser únicamente los rasgos comunes de todas las versiones existentes de tal. Así, el Hamlet de Shakespeare es una recreación del mito del príncipe Hamlet, que es mucho más antiguo y a nadie le importa porque es la genialidad de Shakespeare la que le dio una vida más larga a un mito que, quizá como muchos otros, no sobreviviría de otra forma al paso del tiempo. El mito de la Cenicienta incluye al padre pasivo, a las hermanastras y la madrastra malvada, y también al príncipe; pero lo que cambia en muchas versiones es el ente que ayuda a Cenicienta. Disney inmortalizó la figura del hada madrina que recoge Perrault, mientras que los hermanos Grimm presentaban un árbol con un pájaro que le entregaba la ropa a Cenicienta; y si bien esa diferencia es abismal, no constituye un cambio tan abrupto como podría esperarse. La edad de la princesa también se modifica al gusto para que no sea perturbadora, y si bien no se me ocurre mayor moraleja para la historia aparte del elogio del trabajo sacrificado, lo esencial de la historia se logra mantener intacto.
Una suerte diferente corren otros cuentos que, en lugar de ser adaptados directamente por la industria del cine, son objetos de una suerte de historia posterior a la de su mito. En esta categoría están la Alicia de Tim Burton, la última versión de Hansel y Gretel como cazadores de brujas, o Juanito el de los frejoles mágicos como cazador de gigantes. Dejando de lado el hecho de que la película de acción con muchos efectos especiales es una suerte de cliché, el trabajo de mantener una historia interesante, con una narrativa propia distintiva. Los últimos Hansel y Gretel son una versión adulta de los originales, pero la película no genera mayores planteamientos alrededor de algún tipo de problemática. Su destino es engrosar las filas de las películas que duran solo su tiempo en cartelera. En cambio, la última Alicia, a pesar de las críticas a la película, desarrolla una problemática en torno a la persona de Alicia que enriquece mucho al mito. En ese momento, el mito original y la vida que ha generado se independizan en vista del nuevo proyecto, pero el mito logra mantenerse vivo y, lo que es más importante, vigente, al adaptarse a problemáticas diferentes.
Este no pretende ser un artículo de crítica de cine ni mucho menos, tampoco uno de literatura porque necesitaría consultar mucha más bibliografía al respecto. Es solo un esbozo, con respecto del rol evidente de la industria del cine en la preservación de los mitos que nutren parte de los imaginarios colectivos. Su eficacia, utilidad y permanencia, es decir, su trascendencia, son factores que ahora solo pueden ser intuídos, a la vez que presentan un buen paquete de cuestiones a analizar.
Todas las historias de los cuentos de hadas parten de un mito, pero dicho mito original viene a ser únicamente los rasgos comunes de todas las versiones existentes de tal. Así, el Hamlet de Shakespeare es una recreación del mito del príncipe Hamlet, que es mucho más antiguo y a nadie le importa porque es la genialidad de Shakespeare la que le dio una vida más larga a un mito que, quizá como muchos otros, no sobreviviría de otra forma al paso del tiempo. El mito de la Cenicienta incluye al padre pasivo, a las hermanastras y la madrastra malvada, y también al príncipe; pero lo que cambia en muchas versiones es el ente que ayuda a Cenicienta. Disney inmortalizó la figura del hada madrina que recoge Perrault, mientras que los hermanos Grimm presentaban un árbol con un pájaro que le entregaba la ropa a Cenicienta; y si bien esa diferencia es abismal, no constituye un cambio tan abrupto como podría esperarse. La edad de la princesa también se modifica al gusto para que no sea perturbadora, y si bien no se me ocurre mayor moraleja para la historia aparte del elogio del trabajo sacrificado, lo esencial de la historia se logra mantener intacto.
Una suerte diferente corren otros cuentos que, en lugar de ser adaptados directamente por la industria del cine, son objetos de una suerte de historia posterior a la de su mito. En esta categoría están la Alicia de Tim Burton, la última versión de Hansel y Gretel como cazadores de brujas, o Juanito el de los frejoles mágicos como cazador de gigantes. Dejando de lado el hecho de que la película de acción con muchos efectos especiales es una suerte de cliché, el trabajo de mantener una historia interesante, con una narrativa propia distintiva. Los últimos Hansel y Gretel son una versión adulta de los originales, pero la película no genera mayores planteamientos alrededor de algún tipo de problemática. Su destino es engrosar las filas de las películas que duran solo su tiempo en cartelera. En cambio, la última Alicia, a pesar de las críticas a la película, desarrolla una problemática en torno a la persona de Alicia que enriquece mucho al mito. En ese momento, el mito original y la vida que ha generado se independizan en vista del nuevo proyecto, pero el mito logra mantenerse vivo y, lo que es más importante, vigente, al adaptarse a problemáticas diferentes.
Este no pretende ser un artículo de crítica de cine ni mucho menos, tampoco uno de literatura porque necesitaría consultar mucha más bibliografía al respecto. Es solo un esbozo, con respecto del rol evidente de la industria del cine en la preservación de los mitos que nutren parte de los imaginarios colectivos. Su eficacia, utilidad y permanencia, es decir, su trascendencia, son factores que ahora solo pueden ser intuídos, a la vez que presentan un buen paquete de cuestiones a analizar.
jueves, 21 de febrero de 2013
Ser extraño, ser extranjero
A modo de perogrullada previa, esta sigue siendo una sociedad con unos muros invisibles tan densos que parecen imposibles de penetrar. Las barreras de piel y plata que todo el mundo conoce y franquea a diferentes niveles. Por no hablar de las de sexo, que significa que ser mujer a grandes rasgos es ser casi un objeto desprotegido en la calle. Yo no crecí en Lima ni absorbí los modos de comportamiento que se supone te garantizan la supervivencia. Las cosas básicas aparecen por inercia, como lo de voltear los ojos para que el mendigo de la esquina se vuelva invisible y no tener que ver su cara de miseria, o lo de mirar por la ventana o hacerse la dormida si el ambulante se te acerca demasiado en la combi.
Dos veces me ha pasado el curioso evento de traspasar esos muros, las dos veces en una combi. La primera vez estaba regresando a mi casa un domingo por la tarde, sentada al fondo a dos asientos de un papá cargando a su hijo. De alguna forma, entre saltar en los baches de las pistas malogradas, empezamos a hablar del tema de moda de ese momento: echarle la culpa a Villarán hasta por el mal clima. Después de un par de rondas de baches más, me contó que regresaba de la playa con su hijo, que habían aprovechado el sol porque eso siempre es cosa rara en Lima. Le conté que regresaba de la casa de mi abuela, y seguimos hablando un par de cuadras sobre banalidades y luego intercambiamos nombres nada más por cortesía.
La segunda vez fue un martes en hora punta, yo salía a hacer mis asuntos y subió un señor cincuentón a vender chicles a cincuenta o tres por un sol. Yo le compré dos porque no tenía más sencillo, y conversamos un rato, no me acuerdo de qué. Intercambiamos nombres, nos deseamos suerte mutuamente y me bajé y él siguió vendiendo chicles. Si de por sí es raro conversar con gente desconocida, aún si es en un ambiente casi controlado como es la combi, sin que te asalten ni nada por el estilo; más rara me parece la pregunta que me hicieron los dos casi antes de despedirnos. Me preguntaron de qué país era.
No era en ningún caso la primera vez que me hacían esa pregunta, y tampoco ha sido la última. Después de crisparme, renegar un poco por la pregunta y asustar a los pobres hombres les tuve que contar que yo también soy una migrante que vino a Lima a ver si por acá había mejor futuro, casi como ellos. Casi porque a las finales, ya estoy muy vieja como para tener un hijo a la edad que calculo Guido tuvo el suyo, y porque de momento no veo que vaya a vender nada en una combi como el señor Jeferson.
Quiero inclinarme a creer que el gesto de entablar conversación, que a mí me parece tan normal siendo peruana, a ellos les es tan insucitado que había que confirmar lo extraño de la situación asumiendo que yo era extranjera. Después leer ciudadanía, democracia, representatividad, el Perú avanza, gran transformación y demás propaganda estatal y tratados académicos, resulta que lo que tienen en común es que en el ciudadano de a pie calan lo mismo. Al fin y al cabo, no podemos hablar de ninguna ciudadanía plena si gestos tan nimios en términos objetivos resultan siendo tan grandes, y, lo más grave, tan pensados como ajenos.
miércoles, 13 de febrero de 2013
Evolución de la princesas de Disney (I)
No sigo con mucho ánimo ninguna película de Disney, pero el otro día oí en la calle a una señora renegando de la princesa marimacho, Mérida, de Valiente, y me dio un poco de curiosidad. No he conseguido ver la película pero, teniendo en cuenta la escuela de las princesas de Disney, esta arquera pelirroja podría ser el estadío final de los modelos de feminidad que las ultimas generaciones han venido comiendo casi junto con la leche materna. Para esto, partamos de la base de que Disney y sus películas lleva influenciando tres generaciones en Gringolandia y cuanto menos dos en el resto del mundo.
Hay once princesas de Disney, desde Blancanieves hasta Mérida. En el intervalo hay una suerte de camino hacia la emancipación femenina que me ha parecido bastante interesante, aunque salir a la calle y ver cuáles son las princesas que más se venden en mochilas, loncheras, stickers y cuadernos da qué pensar con respecto a cómo se va asimilando ese camino. Esta vez haré un recuento rápido de estas, las más populares, que coincidentemente son las cinco primeras.
Partamos desde el inicio. Las cinco primeras princesas son adaptaciones de cuentos tradicionales europeos, bastante fieles a las versiones originales salvo por los finales brutales, que son reemplazados por el final feliz y sin sangre. Las dos primeras, Blancanieves y la Cenicienta, son absolutamente pasivas con respecto a su vida, y no tienen más motor que la inercia. Las dos siguientes, Aurora, la bella durmiente, y Ariel, la sirenita, tienen una cierta iniciativa, pero toda la curiosidad que muestran es reprimida y al final las dos terminan igual que las anteriores, casadas con el príncipe y felices para siempre.
El cambio empieza con Bella, la que se queda con la bestia. Para empezar, el contexto: Bella y su padre viven en la Francia de finales del Ancien Régime. El papá es el científico loco que le ha enseñado a su hija a leer y cosas por el estilo, y le deja suficiente libertad de decidir ir prisionera con la bestia. Bella es la última de las princesas tradicionales, y la última europea hasta Rapunzel, que aparece veinte años después.
Las siguientes princesas ya no son blancas y hacen más por enrumbar sus vidas. De hecho, Pocahontas y Mulán incluso luchan por sus pueblos, Jazmín contra el orden social y Tiana, no menos, por sus metas personales. Y de paso se enamoran. El hecho de que las más vendidas sean las más tradicionales da qué pensar respecto al consumo de modelos. Las que más se venden siguen siendo las que representan roles de las que las siguientes princesas se emancipan, y se me ocurre que en una sociedad altamente pigmentocrática como la peruana tiene mucho que ver el color de la piel antes que lo que representa un modelo de feminidad. Al final de cuentas, son un par de ONGs y una bola de caviares los que hacen todas las campañas con respecto a la emancipación femenina; y son un puñado de dibujantes los que haga aparecer en sus historias alguna princesa inca o preinca, pero estos comics, de existir, no tienen ninguna resonacia. Así estamos.
El cambio empieza con Bella, la que se queda con la bestia. Para empezar, el contexto: Bella y su padre viven en la Francia de finales del Ancien Régime. El papá es el científico loco que le ha enseñado a su hija a leer y cosas por el estilo, y le deja suficiente libertad de decidir ir prisionera con la bestia. Bella es la última de las princesas tradicionales, y la última europea hasta Rapunzel, que aparece veinte años después.
Las siguientes princesas ya no son blancas y hacen más por enrumbar sus vidas. De hecho, Pocahontas y Mulán incluso luchan por sus pueblos, Jazmín contra el orden social y Tiana, no menos, por sus metas personales. Y de paso se enamoran. El hecho de que las más vendidas sean las más tradicionales da qué pensar respecto al consumo de modelos. Las que más se venden siguen siendo las que representan roles de las que las siguientes princesas se emancipan, y se me ocurre que en una sociedad altamente pigmentocrática como la peruana tiene mucho que ver el color de la piel antes que lo que representa un modelo de feminidad. Al final de cuentas, son un par de ONGs y una bola de caviares los que hacen todas las campañas con respecto a la emancipación femenina; y son un puñado de dibujantes los que haga aparecer en sus historias alguna princesa inca o preinca, pero estos comics, de existir, no tienen ninguna resonacia. Así estamos.
miércoles, 23 de enero de 2013
Cómo matar una espiritualidad
Hay un menú enorme de páginas de ateos en facebook. Están los que suben pequeños artículos de divulgación científica, los que se dedican a blasfemar para luego burlarse de los ataques de los cristianos y los que combinan las dos tendencias. El énfasis que se pone en el ateísmo en las redes sociales es una suerte de afirmación grupal contra las contradicciones del cristianismo, pero ser ateo en estos tiempos no es más que ser producto de los mismos. Atrás están las épocas en las que un ateo debía ser capaz de refutar a toda la teología habida y por haber para que su sustentación de la no existencia de dios no fuese un momento de confusión o de posesión demoníaca, ahora nadie hace mayor escándalo en su grupo de amigos si se declara ateo, aunque fácil y sus padres se espantan un poco; y la tendencia es esa. Ya no se discute tanto sobre la existencia de dios porque cada vez es un tema que interesa menos, con la excepción de los círculos religiosos que sí viven de ello. Y esa es la tendencia, señores, aunque la gente siga necesitando algo de espiritualidad, tienden a ser menos los que se vuelquen hace la cristiandad y más los que busquen rellenar ese espacio con alguna filosofía oriental misticona.
La pregunta central de todo eso es por qué es que nos hemos vuelto, como sociedad, tan inmunes hacia la religión que ha moldeado nuestra cultura. El mundo no occidental parece manejarse mejor en ese tema. ¿Por qué empezó la secularización? El racionalismo y el despunte de las ciencias son una excusa, pero muchas religiones han convivido con la ciencia. La secularización es la ruptura de la cadena del ser, que deja al individuo flotando en el aire sin un discurso que estructure su vida. ¿Por qué se vuelve posible el quitarse una cadena tan pesada? Al margen de lo que el desarrollo tecnológico pueda aportar, considero que la verdadera razón está en las mismas características del cristianismo.
Si bien una vez establecido como religión hegemónica no dejó mucha opción, antes de serlo el cristianismo era una religión opcional. Nadie podía elegir ser romano o judío o samaritano o griego, pero sí se podía elegir mandar a rodar todo lo anterior y abrazarse a las promesas del dios nuevo, que era para todos los que le creyesen, porque los que no serían torturados por toda la eternidad. A pesar de lo que luego hicieron las iglesias, ser cristiano empezó por ser una decisión más allá de lo que el nacimiento de la persona determinaba para esta. He aquí la primera ruptura con la cadena ontológica.
A diferencia de otro tipo de dioses, de esos que están ahí porque así es, independientemente de si les crees o no, el dios cristiano necesita la complicidad de su feligrés para ser. La religión nueva era así de atractiva, proponiendo un trato directo con el encargado (la burocracia vendría luego). Pero luego, cuando esta deja de ser una forma de rebeldía, de espiritualidad y de lucha, esa misma característica se vuelve en su contra. Pongamos por ejemplo a Visnú. Para alguien a quien le enseñasen a creer en el panteón de dioses hindú, no hay nada que se pueda hacer con Visnú, la realidad misma y con ella la humanidad son parte de lo que sueña el dios y eso es inexorable. Obviamente hay más ritos y parafernalia al rededor de ello, no pretendo simplificarlo tan horriblemente, pero no es lo mismo para el cristiano. Él está forzado desde el principio a hacer nacer a dios, al mismo dios que se supone es, además, demiurgo.
Si bien la paradoja es menos obvia cuando se hace la distinción entre dios padre y dios hijo, a nadie le interesa mucho. El por qué de la secularización está en la posibilidad misma de hacer nacer a dios. Antes se lo mataba, pero ahora es más difícil que nazca. Y mucho más si el ambiente no ayuda.
La pregunta central de todo eso es por qué es que nos hemos vuelto, como sociedad, tan inmunes hacia la religión que ha moldeado nuestra cultura. El mundo no occidental parece manejarse mejor en ese tema. ¿Por qué empezó la secularización? El racionalismo y el despunte de las ciencias son una excusa, pero muchas religiones han convivido con la ciencia. La secularización es la ruptura de la cadena del ser, que deja al individuo flotando en el aire sin un discurso que estructure su vida. ¿Por qué se vuelve posible el quitarse una cadena tan pesada? Al margen de lo que el desarrollo tecnológico pueda aportar, considero que la verdadera razón está en las mismas características del cristianismo.
Si bien una vez establecido como religión hegemónica no dejó mucha opción, antes de serlo el cristianismo era una religión opcional. Nadie podía elegir ser romano o judío o samaritano o griego, pero sí se podía elegir mandar a rodar todo lo anterior y abrazarse a las promesas del dios nuevo, que era para todos los que le creyesen, porque los que no serían torturados por toda la eternidad. A pesar de lo que luego hicieron las iglesias, ser cristiano empezó por ser una decisión más allá de lo que el nacimiento de la persona determinaba para esta. He aquí la primera ruptura con la cadena ontológica.
A diferencia de otro tipo de dioses, de esos que están ahí porque así es, independientemente de si les crees o no, el dios cristiano necesita la complicidad de su feligrés para ser. La religión nueva era así de atractiva, proponiendo un trato directo con el encargado (la burocracia vendría luego). Pero luego, cuando esta deja de ser una forma de rebeldía, de espiritualidad y de lucha, esa misma característica se vuelve en su contra. Pongamos por ejemplo a Visnú. Para alguien a quien le enseñasen a creer en el panteón de dioses hindú, no hay nada que se pueda hacer con Visnú, la realidad misma y con ella la humanidad son parte de lo que sueña el dios y eso es inexorable. Obviamente hay más ritos y parafernalia al rededor de ello, no pretendo simplificarlo tan horriblemente, pero no es lo mismo para el cristiano. Él está forzado desde el principio a hacer nacer a dios, al mismo dios que se supone es, además, demiurgo.
Si bien la paradoja es menos obvia cuando se hace la distinción entre dios padre y dios hijo, a nadie le interesa mucho. El por qué de la secularización está en la posibilidad misma de hacer nacer a dios. Antes se lo mataba, pero ahora es más difícil que nazca. Y mucho más si el ambiente no ayuda.
martes, 22 de enero de 2013
Para qué se lee filosofía (un esbozo)
La pregunta ya ha sido masticada por todos los puntos imaginables, y no es mi intención recorrerlos al dedillo. Lo mío puede sonar más bien a un enfoque hippie de la cuestión, porque no voy a poner el énfasis de esto en el contenido de la filosofía en sí misma, sino en el sentido que puede tener en la vida el dedicar tiempo a algo sin utilidad práctica.
Ya el mismo Aristóteles decía que la filosofía, si bien era la ciencia más perfecta, no era práctica, y por el hecho de no servir a ningún fin ulterior era que se volvía valiosa en sí misma. Algo de dos mil años le han pasado encima a Aristóteles, pero este concepto se mantiene válido. No es necesario pelearse con el mundo para encerrarse a filosofar y llegar a la conclusión de que la vida contemporánea te fuerza a estar siempre apurado, te crea una compulsión por llenar cada tiempo y cada espacio vacío y, lo más duro, con las justas te deja tiempo de dormir lo suficiente. El tiempo se ha vuelto tan escaso que lo inútil, como ver en una enciclopedia por qué el cielo es azul, no tiene ningún sentido y, por ende, no merece tiempo.
Del otro lado, las críticas a la modernidad incluyen la automatización de las masas y la generación de individuos procedimentalistas que cumplan con el deber (en un sentido muy kantiano) independientemente de los contenidos de este. En esta línea, la optimización del tiempo es necesaria para evitar mayores desviaciones, lo cual no excluye a las actividades recreativas, sino a las actividades solitarias, dado que el grupo se dirige, mientras que la soledad se presta a la divagación. La filosofía en general es siempre, en grados distintos, un ejercicio de confrontación con los vacíos de turno más urgentes. No una evasión ni un intento de relleno, porque los vacíos se mantienen tal cual salvo gran cataclismo y los tratados filosóficos no revuelven el mundo demasiado.
El mérito está en la fe en la solución pero, sobre todo, en que al conocer el vacío, este deja de ser espantoso. Nos falta mucho para que la calma cotidiana deje de asustarnos. Quienes han crecido en ciudades grandes soportan tres días fuera del barullo habitual porque esos tres días se llenan de horas eternas y calman un rato, sosiegan luego, pero al final aburren. La quietud ha dejado de ser natural, el idilio pastoril de la literatura ha muerto hace rato, y yo intento sobrevivir al vórtice perdiendo el tiempo, pausando mi tiempo, con filosofía. La que sea, todo sirve. Nietzsche, Arendt o Taylor; o Kant o Platón o hasta Parménides, aunque sea para trabarse la lengua un rato. O por qué no, ensayar trabalenguas, hacer burbujas, ver estrellas. Cosas inútiles para no adormecerse y caer en un mundo que no te deja en paz.
Ya el mismo Aristóteles decía que la filosofía, si bien era la ciencia más perfecta, no era práctica, y por el hecho de no servir a ningún fin ulterior era que se volvía valiosa en sí misma. Algo de dos mil años le han pasado encima a Aristóteles, pero este concepto se mantiene válido. No es necesario pelearse con el mundo para encerrarse a filosofar y llegar a la conclusión de que la vida contemporánea te fuerza a estar siempre apurado, te crea una compulsión por llenar cada tiempo y cada espacio vacío y, lo más duro, con las justas te deja tiempo de dormir lo suficiente. El tiempo se ha vuelto tan escaso que lo inútil, como ver en una enciclopedia por qué el cielo es azul, no tiene ningún sentido y, por ende, no merece tiempo.
Del otro lado, las críticas a la modernidad incluyen la automatización de las masas y la generación de individuos procedimentalistas que cumplan con el deber (en un sentido muy kantiano) independientemente de los contenidos de este. En esta línea, la optimización del tiempo es necesaria para evitar mayores desviaciones, lo cual no excluye a las actividades recreativas, sino a las actividades solitarias, dado que el grupo se dirige, mientras que la soledad se presta a la divagación. La filosofía en general es siempre, en grados distintos, un ejercicio de confrontación con los vacíos de turno más urgentes. No una evasión ni un intento de relleno, porque los vacíos se mantienen tal cual salvo gran cataclismo y los tratados filosóficos no revuelven el mundo demasiado.
El mérito está en la fe en la solución pero, sobre todo, en que al conocer el vacío, este deja de ser espantoso. Nos falta mucho para que la calma cotidiana deje de asustarnos. Quienes han crecido en ciudades grandes soportan tres días fuera del barullo habitual porque esos tres días se llenan de horas eternas y calman un rato, sosiegan luego, pero al final aburren. La quietud ha dejado de ser natural, el idilio pastoril de la literatura ha muerto hace rato, y yo intento sobrevivir al vórtice perdiendo el tiempo, pausando mi tiempo, con filosofía. La que sea, todo sirve. Nietzsche, Arendt o Taylor; o Kant o Platón o hasta Parménides, aunque sea para trabarse la lengua un rato. O por qué no, ensayar trabalenguas, hacer burbujas, ver estrellas. Cosas inútiles para no adormecerse y caer en un mundo que no te deja en paz.
viernes, 18 de enero de 2013
Colonialismo para niños
Hace unos cuantos días vi Avatar: la leyenda de Aang, y hace un par de días leí los cómics, que son una secuela de la serie. Si quien lee esto no ha visto la serie o no tiene idea de qué va, la recomiendo mucho porque, a pesar de ser una serie para niños, hay muchas otras cosas que pueden verse y disfrutarse desde una perspectiva más crecida. En esta entrada quiero desarrollar algunos de ellos, pero la serie me ha gustado tanto que es posible que luego trabaje desde otros enfoques. Para quienes sí han visto la serie completa y son fans, quiero aclarar que todavía no he pasado del primer capítulo de la leyenda de Korra, y no es que me disguste ni nada, sino por el contrario, la hallo como una buena forma de reimaginar al avatar. La razón por la que aún no termino de verla es que siento que, para poder sentirme cómoda viendo al avatar en un mundo tan diferente al de Aang, necesito primero cerrar los puntos que voy tratar acá para tener una teoría que me sirva para entender ciudad República.
Ahora, volviendo a la leyenda de Aang, he podido ver tanto en la serie como en el comic varios elementos que parecen extrapolados de una serie de críticas de la realidad que se genera con el mundo industrial, encarnado en la Nación del Fuego. Hay muchos puntos al rededor de esto, pero como no quiero extenderme mucho, no voy a explicar el contexto de cada uno de ellos, por lo que esto será más fácil de leer para quienes conozcan la serie.
La Nación del Fuego es una suerte de alegoría de la explosión industrial de Inglaterra en el siglo XIX y su proceso de colonización. Expansión militar, navegantes rondando por el mundo, fábricas y maquinaria pesada. Aunque no hay comerciantes ni corsarios, la cosa queda clara; aunque el discurso que le dan a los niños sobre el porqué de la expansión ("compartir el bienestar de la Nación del Fuego con las otras naciones") suena más bien a la Alianza por el Progreso de Kennedy.
En un capítulo específico, el equipo avatar se porta como anarquistas de principios del siglo XX y destruye una fábrica para beneficiar a un pueblo. Mensaje ecologista/ambientalista mezclado con cuestiones sobre el rol del estado frente a su población, aunque debido a la naturaleza de la fábrica, no surge un proletariado propiamente, y solo queda el empobrecimiento de las poblaciones que esta genera.
Si bien el Reino Tierra y las Tribus Agua pueden contar como sociedades preindustriales, el hecho del control especial de los elementos pone a ambos en condiciones de alcanzar niveles de desarrollo acordes con esas habilidades.
Además, está el peculiar modo de gobierno de la ciudad de Ba Sing Se, una dictadura monstruosa al puro estilo de todas las dictaduras monstruosas que han habido, cosa que espanta al avatar por contradecir con los ideales de igualdad que los monjes le han enseñado y que los muros internos de la ciudad aplastan. Directamente, los episodios dedicados a Ba Sing Se son una crítica a las dictaduras totalitaristas y una defensa de la necesidad vital que consiste la libertad.
Además, está el peculiar modo de gobierno de la ciudad de Ba Sing Se, una dictadura monstruosa al puro estilo de todas las dictaduras monstruosas que han habido, cosa que espanta al avatar por contradecir con los ideales de igualdad que los monjes le han enseñado y que los muros internos de la ciudad aplastan. Directamente, los episodios dedicados a Ba Sing Se son una crítica a las dictaduras totalitaristas y una defensa de la necesidad vital que consiste la libertad.
Y por último, y para hacer honor al título de la entrada, la situación de la ciudad de Yu Dao que aparece perfilada en el cómic. La situación de colonia antigua ha dado tiempo de que las culturas involucradas se amalgamasen hasta un cierto punto, tal como en las colonias del mundo real y las de Latinoamérica en particular, pero la situación externa a la ciudad fuerza conflictos que, debido a la narración, ponen a la gente de la resistencia a la descolonización como quienes tienen la razón. Katara se encarga de señalar lo dañino de la segregación que defienden quienes quieren repatriar a los colonos.
Todos los puntos del dilema quedan expuestos y todas las partes tienen algo de razón frente a la cuestión de las colonias más antiguas, y si bien todo lo que he escrito acá ha pasado, obviamente, por mi filtro de realidad, lo que más me ha llamado la atención es que la serie fue planeada originalmente para niños entre seis y once años y aún así mostrase dilemas grandes que pueden explorarse más críticamente, incluso con cierta controversia. No sé cuales habrán sido las intenciones de los creadores al incluir los elementos que he señalado, pero estoy segura de que el éxito de la serie descansa en ellos.
Todos los puntos del dilema quedan expuestos y todas las partes tienen algo de razón frente a la cuestión de las colonias más antiguas, y si bien todo lo que he escrito acá ha pasado, obviamente, por mi filtro de realidad, lo que más me ha llamado la atención es que la serie fue planeada originalmente para niños entre seis y once años y aún así mostrase dilemas grandes que pueden explorarse más críticamente, incluso con cierta controversia. No sé cuales habrán sido las intenciones de los creadores al incluir los elementos que he señalado, pero estoy segura de que el éxito de la serie descansa en ellos.
jueves, 17 de enero de 2013
Por qué hacer una cometa
Desde hace un buen tiempo que la universidad me da la sensación de aprender un montón de cosas, pero el día en que a mi computadora no se le prendía ninguna luz, me sentí impotente porque ya era muy tarde para llamar al servicio técnico. Lo de la universidad me será útil para la vida intelectual, laboral, académica, lo que quieras, pero en ese momento absolutamente inútil para un problema concreto. Pero claro, oh wow, cómo ha avanzado la tecnología en estos años, es por ello que el conocimiento del no especialista está muy lejos de servirle para arreglar lo que lo rodea. Nos hemos distanciado de lo que usamos diariamente, nos hemos dejado rodear por tantas cosas llenas de complejidad que son inaccesibles, cosas en las que difícilmente alguien ha puesto algún afecto.
El hablar de afectos hace que quien sea suene a pavo romanticón, pero creo firmemente en que crear vínculos con los objetos no es tan dañino como un usuario de BlackBerry te ofrece. Uno de esos teléfonos te absorbe, pero lo puedes reemplazar por uno mejor sin mayores culpas. No hay mayores lazos que los de la conexión con internet que ofrece, la solidez no existe, la relación está marcada por una suerte de dependencia teñida no sé si de nihilismo por lo fácil que resulta desprenderse o de cálculo de costo y beneficio. En cualquiera de los casos, no hay nada que impida tirar el cachivache cuando deje de funcionar.
Una cometa es diferente. Una cometa es la negación absoluta del BlackBerry. Primero porque la cometa está asociada a alguna de las tantas infancias idílicas y medio ficticias en la que los niños correteaban, mientras que el otro es símbolo de la modernidad dura, de un cierto status y de la dinamicidad de la posibilidad de estar conectado y cuasipresente en todo momento y blablabla. La BB es estar y no estar fisgoneando en todo lo que pasa salvo si está suficientemente cerca para verlo a simple vista. Una cometa requiere salir a correr, lo que ahora implica hallar un lugar si cables, y correr requiere primero no terminar respirando como Darth Vader a los diez primeros metros, y es necesario sobre todo fijarse en la cometa en todo momento. Verla volar, hacerla subir, dejarla bailar, solo verla, cuidarla. Y antes de eso, buscar la madera, buscar el papel, armarla. ¿Quién carajo arma algo que se puede comprar armado?
Voy a construir una cometa en algún momento, solo para probar si lo que escribo más arriba es cierto, para ver si te puedes encariñar con un montón de palos e hilos y goma y papel por el mero hecho de haberlos unido en algo sino armonioso y bello, al menos coherente y funcional. Quiero probar que me puedo desprender de lo artificial un rato sin volverme hippie ni zen.
El hablar de afectos hace que quien sea suene a pavo romanticón, pero creo firmemente en que crear vínculos con los objetos no es tan dañino como un usuario de BlackBerry te ofrece. Uno de esos teléfonos te absorbe, pero lo puedes reemplazar por uno mejor sin mayores culpas. No hay mayores lazos que los de la conexión con internet que ofrece, la solidez no existe, la relación está marcada por una suerte de dependencia teñida no sé si de nihilismo por lo fácil que resulta desprenderse o de cálculo de costo y beneficio. En cualquiera de los casos, no hay nada que impida tirar el cachivache cuando deje de funcionar.
Una cometa es diferente. Una cometa es la negación absoluta del BlackBerry. Primero porque la cometa está asociada a alguna de las tantas infancias idílicas y medio ficticias en la que los niños correteaban, mientras que el otro es símbolo de la modernidad dura, de un cierto status y de la dinamicidad de la posibilidad de estar conectado y cuasipresente en todo momento y blablabla. La BB es estar y no estar fisgoneando en todo lo que pasa salvo si está suficientemente cerca para verlo a simple vista. Una cometa requiere salir a correr, lo que ahora implica hallar un lugar si cables, y correr requiere primero no terminar respirando como Darth Vader a los diez primeros metros, y es necesario sobre todo fijarse en la cometa en todo momento. Verla volar, hacerla subir, dejarla bailar, solo verla, cuidarla. Y antes de eso, buscar la madera, buscar el papel, armarla. ¿Quién carajo arma algo que se puede comprar armado?
Voy a construir una cometa en algún momento, solo para probar si lo que escribo más arriba es cierto, para ver si te puedes encariñar con un montón de palos e hilos y goma y papel por el mero hecho de haberlos unido en algo sino armonioso y bello, al menos coherente y funcional. Quiero probar que me puedo desprender de lo artificial un rato sin volverme hippie ni zen.
martes, 15 de enero de 2013
Primera entrada
Hola a todos! Si hay alguien leyendo esto, utilizaré este espacio para lo que tradicionalmente sirve la primera entrada de todo blog: decir de qué va a tratar. Antes que nada, esto no va a ser un diario ni una compilación de textos académicos, y aunque puede que un par de cosas se filtren en algún momento, intentaré que solo ocurra si es estrictamente necesario. Este es el experimento de alguien que se aburría un poco, y pretendo usar el espacio para no perder la práctica de escribir sobre más cosas que las que me exija la carrera.
En primer lugar, este blog promete ser un almacén de pensamientos sueltos respecto a lo que se me pase por la cabeza en ese momento, lo que significa que la conexión entre los temas no está garantizada. Puede que en algún momento aparezca una línea temática más o menos definida, pero la intención no es esa. Este es un cajón de sastre.
En segundo, el desarrollo de las entradas no se ciñe a ningún formato. Ya que esta es una forma de hacer un registro de cosas que seguramente terminarían en un cajón, la papelera o una hoja suelta, habrá desde esquemas simples hasta - espero - textos con un cierto orden, y algún dibujo si me siento con ganas. Pero posiblemente solo esquemas o listas de cosas a desarrollar con más tiempo y ganas, luego.
Y por último, este es un mero experimento personal. Puede que lo olvide en un par de semanas y me de pereza retomarlo cuando me de cuenta, puede que la universidad me coma y solo tenga tiempo de publicar acá cuando me vomite algún fin de semana, o puede que yo me quede sin saber qué escribir por un tiempo. Pero quiero ver cuanto tiempo me dura el chiste, o cuanto esfuerzo le puedo poner. Así que aquí vamos.
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