Hace casi una semana saqué un cartel en la plaza de armas de Moyobamba, durante el desfile por el aniversario de la ciudad. Para esto, había un pequeño grupo de antitaurinos con una gigantografía y los cartelitos de la ocasión, y no es que yo esté en contra o a favor de la tauromaquia en sí, sino que a fuerza de hallar tanto antitaurino fanático/maniático tuve que buscar argumentos para mandarlos a callar un rato. El cartel que hice después de verlos un rato decía "Los toros son cultura", lo hice a la volada, sin animos de convencer a nadie y con toda la intención de obtener un poco de entretenimiento barato, y el experimento me ha dejado satisfecha.
Yo estaba parada frente a los antitaurinos, preo cruzando la calle. Obviamente, estaba sola porque es dificil hallar quien secunde este tipo de payasadas, pero se me acercaron dos señoras y me pidieron que les explique qué hacía con un cartel tan mal hecho. Les expliqué que era para molestar a los del otro lado de la calle, y una de ellas me dijo que no me iban a entender el asunto de la cultura, y las dos me pidieron que sea más directa y ponga "Queremos corridas de toros", así que lo hice. Me contaron un poco que les gusta que haya más corridas este año y que les parecía ilógico que hubiese gente marchando para prohibirlas. Después me dijeron que cruce la calle y vaya de frente con los antitaurinos, así que doblé mi cartel y empecé a caminar. Las dos señoras usaban solo sandalias. A media calle me encontré con la que fue la nana de mi papá, la señora más tradicional y arraigada a esta tierra que nadie podría conocer, y le pregunté qué opinaba de los toros. Me dijo que aunque a ella no le gustan mucho, había que ser tolerante, y que siempre había habído corridas de toros en Moyobamba.
Cuando llegué al otro lado de la calle, unos cuantos enternados me miraron con desprecio, uno me dijo que era una salvajada, otro que era sadismo y crueldad, uno más me gritó que le daría vergüenza cargar ese cartel tan inracional (a este le grité que la palabra es irracional, pero que mi cartel era racional). Los típicos notables de pueblo que adoptan la pose liberal de turno sin molestarse en dejar que los varoncitos de la casa laven los platos. Me quede parada esperando a que los antitaurinos mordiesen en anzuelo. Se pararon detrás de mí un tío británico muy desubicado y un pata en sus veintitantos con gorro de hipster, los dos con el polo de la marcha. El tío me agradecío por apoyar la marcha y el otro lo corrigió. Empecé a conversar primero con los dos, luego el cuasihipster se fue y me dejó con el gringo un rato, luego volvió y después apareció una chica a llevarse al gringo. De esas dos charlas saqué cuatro conclusiones respecto del sentido de esta protesta, las tres primeras se desprenden directamente del discurso de esos patas, y la otra la puse yo sobre la mesa. No viene al caso transcribir todo el diálogo, pero aquí van. Son, en lista:
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| Está a un costado, pero que se note el "No es nuestra cultura" |
1.- Hay un fuerte factor cultural de rechazo al foráneo. Moyobamba, como ciudad, tiene una mentalidad absolutamente cerrada en torno a este tema en específico, y frente a esto se conjugan dos factores. El primero es que, dado que antes de la construcción de la carretera marginal había muy pocos migrantes, estos siempre fueron cosa extraña, y ya que la gente aborda a los desconocidos desde el estereotipo, prima el estereotipo más despectivo acerca del serrano. Poco importa que la lánguida economía local resultase dinamizada con esos migrantes. El segundo factor es el más importante, ya que a fuerza de intentar vender la ciudad como un destino turístico sin hacer el menor esfuerzo por invertir en ofrecer algún producto medianamente interesante para el turista promedio, se busca mantener intacta una tradición más inventada que real, sin mayores símbolos o estampas. Frente a esto, la cultura de la sierra lleva varios pasos por delante, y por más pobre que sea un migrante, lleva consigo hábitos y costumbres bastante más notorias. El año pasado se prohibió absurdamente que en las calles sonase música que no fuese propia de la zona durante la fiesta de San Juan, y el resultado fue obviamente tan patético como inútil.Con este antecedente, y ante la mayor difusión de corridas de toros (porque ojo: en Nueva Cajamarca las hay desde hace un buen tiempo), el horror de quien nota que está perdiendo una pelea en su cancha.
2.-Estas protestas antitaurinas en específico (no me atrevo a generalizar) disfrazan una brecha socioeconómica. No es que conociese a la gente con pancartas, pero a fuerza de estar metida en un colegio evangélico durante casi toda mi época escolar reconocí a las caras que estaban ahí.Gente que con suficiente dinero para pagar un colegio privado que, si bien no era tan caro,sigue siendo un colegio privado. Gente con la panza llena y posibilidad de recibir educación superior. Gente con acceso a Internet y ese tipo de comodidades en una de las ciudades con mayor desigualdad en el Perú según el índice Gini. El cuasihipster me hizo notar esto en dos momentos, el primero, cuando quiso desviar la atención dirigiéndose hacia la "decadencia moral de la ciudad" que se evidenciaba en la proliferación de carteles publicitarios con mujeres desnudas, en un intento de atacar alguna sensibilidad de género que no iba al caso. El segundo momento fue el más importante, porque frente al discurso del [populacho pobre] bruto, salvaje e ignorante que disfruta del espectáculo cruel y sangriento de la masacre del probecito torito, aparecía yo a conversar del asunto metiendo a colación lo que va a ser el cuarto punto en esta entrada, que es el tema de la relación con la muerte y la sensación de trascendencia al interior de la tauromaquia. Como tengo todo este vagaje de intelectualoide, me propuse no usar palabras rebuscadas, pero como el pata en cuestión estaba muy metido en las cuestiones de su iglesia, que es el siguiente punto, seguir usando la palabra "espiritual" no me convenía, porque mientras que yo la usaba como opuesto a lo corporal, él la entendía con todo el floro de su iglesia, así que se me ocurrió decir "metaterrenal". El problema es que el prefijo "meta" es extremadamente académico y el tipo se asustó de ver que el debate alturado y con argumentos también existía al otro lado de su posición, y esta no solo la defendía la bola de bestias. Solo atinó a decirme que si toda la gente que ve las corridas pensase tanto como yo, el problema sería distinto. Naturalmente, pensar mucho o poco no tiene nada que ver con la circunstancia que él llamaba problema, y de hecho, esta seguiría exactamente igual. Luego se fue.
3.- Los miembros de la iglesia presbiteriana son los súper elegidos/ gran cagada/ última cocacola del desierto, y como tales seres espirituales que son, viven en un universo paralelo lastimosamente conectado al del resto de mortales. Ok, fácil y exagero, pero diez años rodeada de ellos no me deja duda de que, en el fondo y no tan al fondo, se sienten efectivamente superiores al ciudadano promedio por una fe que, la experiencia me indica, los proclama tan tolerantes como el Jesús que comía con las putas y los choros, pero los hace más sordos que una pared si se intenta explicarles algo distinto del dogma de turno que estén defendiendo. En realidad, esta parte no podía ir antes de lo ya expuesto, pero la tocamos al inicio de la conversación y estaba incluso en el panfleto que repartían invitando a la marcha. Una marcha de fe, una convocatoria a los verdaderos cristianos, un llamado a levantarse frente a decadencia de esta nuestra pobre ciudad asediada por el diablo que se manifiesta en las costumbres de tú ya sabes quienes. Esto por el lado terrenal que tanto se esfuerzan en pulir y refinar con la meta de anular, olvidándose de que esa naturaleza terrenal es el contenedor de toda la vaina espiritualísima que se manejan, y, de momento, la única constancia de que realmente existen y pueden hacer algo. Por el lado espiritual, sobra decir que todos los esfuerzos por vivir únicamente en este plano solo sirve apartándose de la sociedad para vivir en una cueva y cultivar las cuatro hierbas que vas a comer hasta morir de anemia. Vivir en sociedad no es compatible con vivir meramente en un plano espiritual porque desvincula a la persona de su realidad más inmediata, y mientras que esto estaba de moda entre los monjes de convento y era muy prestigioso en la época medieval, cabe recordar que vivimos en el siglo XXI y que ya se han acabado los tiempos en los que se podía hacer eso sin que nadie fuese a revisar si se estaba clínicamente loco. Para este caso específico, el resultado es un panfleto que pretende hablar de teología, psicología, psiquiatría, sociología y filosofía, pero escuda y defiende sus inexactitudes (que son muchas y peligrosas) diciendo que está dirigido a los creyentes. O sea, ser creyente te hace no sé si automáticamente estúpido como para que se dirijan a ti de ese modo, haciéndote indigno de un poco de rigor al tratar temas espinozos; o si esa es la usanza al dirigirse a los creyentes, lo que nos deja el típico sabor en la boca a usamoslareligiónparaengañaryembrutecer, pero que tanto se esfuerzan en limpiar hacia afuera.
4.-Por último, la desmitificación o desritualización de la muerte. Esto juega a nivel mucho más general y merece un tratamiento más detallado, pero ahora me limitaré a la parte que le expuse al gringo cuando su amigo lo abandonó. La religión, en su discurso más retrógrado, niega la vida como fin en sí misma y la afirma comosacrificio/tablón de méritos para la vida ulterior. La muerte es aquí una puerta hacia esa próxima vida, el momento cumbre de esta vida terranal mugrosa, una puerta bonita. Pero nadie te dice nada sobre cómo afrontar la puerta en sí misma, y ahí es donde se jode todo. La ciencia que nos demuestra que es posible prolongar una vida que ya aburre a su portador, la ciencia que nos muestra que le podemos sacar la vuelta a la muerte un rato y que, en ese trance, se vuelve la principal preocupación y agonía de quienes se aferran a ella. Frente al miedo que provoca, se ha logrado subvertir este miedo bajo la fe en la ciencia, pero a costa de negar la muerte como parte del ciclo de la vida. Con todo esto se genera una ficción que desdibuja los bordes de la existencia y ayuda a perder el norte en este tipo de cuestiones, se desacratiza el único elemento que es seguro en la vida. Y todo el floro usual respecto a la muerte, que nos homologa, que es el fin del sufrimiento (también de las alegrías, pero nadie consuela anadie con esto), que su cercanía es lo que nos hace valorar y aferrarnos con más fuerza a la vida, y lo que nos obliga a buscarle algún sentido. Pero qué más da si podemos creer que no es el cierre definitivo por un rato. Con todo esto detrás, resulta coherente banalizar la ritualidad destrás de la tauromaquia a un espectáculo sangriento para salvajes, dejando de lado que el baile con la muerte que representa está íntimamente relacionado con algún tipo de catarsis referente a la vida. Le dije al gringo que, con un cariz bastante diferente, el énfasis que se hace en la muerte de Jesús tiene mucho de esto, y que es un ejercicio ocioso hacer toda la sistematización que yo hago del tema, porque en el fondo la aprehensión de esta experiencia no puede ser más conceptual que vivencial, sería ilógico que funcionase de otra forma. El gringo pareció escuchar, pero no había punto en intentar convencerlo. Otro esclavo del ideal de turno. Luego fueron a buscarlo para algo con los padrones de firmas que tenía en el bolso y se fue.
Obviamente, yo no iba a convencer a nadie. Tampoco me interesa figuretear. No sé si buscaba hallar algo específico con el cartel, pero sirvió, durante una hora, para evidenciar los disfraces de turno de los projuicios de toda la vida.


