viernes, 19 de julio de 2013
La esencia del ávatar
El primer punto a tener en cuenta para determinar la naturaleza del ávatar aparece en los últimos capítulos del libro fuego, y lo da la tortuga-león: en el principio fue la energía. La especialización en elementos específicos viene luego, y a pesar de ser tan tangible, Toph y su metal-control demuestran que es también artificial, aún si se asume como natural. De esta naturalización son prueba todos los animales a los que es inherennte algún tipo de control. El camino del ávatar Aang en ese momento consiste en ir a la inversa de esos procesos de especialización y llegar al control de esa energía original.
Partiendo de que es labor del ávatar mantener el equlibrio entre las naciones, y entendiendo que la esencia del ávatar están en controlar los cuatro elemenos, esto es, en controlar la energía a un nivel más amplio que el promedio de la gente, podríamos extrapolar que la energía no distingue elementos a priori. Siguiendo esto, y dado que esa energía no es exclusiva de la especie humana, asumo que esta existía de forma libre en el mundo, por sobre la materia. Así podría pensar en una amalgama de elementos, algo así como una sopa cósmica, que va tomando diferentes formas de acuerdo con la energía que la ordena. Entonces, esa energía que existe por encima del plano físico determina y se manifiesta a través de este, y por lo tanto, la esencia de lo que sería luego el ávatar existía ya desde el inicio mismo del universo. Recordemos, pues, que el mismo concepto de ávatar, que es la manifestación de un dios en un cuerpo, o su encarnación, de acuerdo con otras traducciones. Ya que en el mundo de Aang no se menciona a ningún tipo de dios es particular, sobreentenderé que no hay ninguno, y el principio de trascendencia y órden que rige ese mundo será la energía, por lo que el ávatar no es solo quien controla los cuatro elementos, sino quien, tal como Aang demuestra, controla la energía de la que es manifestación de forma excepcional.
La pregunta grande está en por qué resulta siendo un humano quien encarna el ávatar, habiendo también otras criaturas que controlan los elementos y otros seres espirituales. A las finales, al nivel ontológico y trascendental en el que se mueve esa energía absoluta que rige el universo, la especie humana no tendría mayor mérito en sí misma frente a las otras. Lo bueno de esto es que la próxima temporada de la leyenda de Korra estará esbozando una respuesta a esto, presentando en flashbacks la historia del primer ávatar. La poca información que hay de momento al respecto apunta a que el pata que llega a ser ávatar buscaba un punto de equilibrio entre el mundo físico y el mundo de los espíritus, y es ello lo que lo empuja a convertirse en ávatar, en encarnar en sí esa voluntad de órden.
De esta forma, ahí aparece el mérito de la especie humana, no en ninguna habilidad especial o en algo inherente a su existencia física, porque eso sería tan fácil como arbitrario. La gracia de los humanos está en que se asume el compromiso de afrontar el caos en pos de un bienestar general, el cual es el paso que no dan ni los otros seres espirituales ni los otros animales que controlan algún elemento. Así avanzamos del universo del ávatar Aang al libro de formación cívica de mi hermano, porque de alguna forma ambos dan a entender que son el compromiso y la voluntad de crear un mejor mundo común son aquello a lo que deben aferrarse las esperanzas en la sociedad, más que a la técnica que se desarrolle en función de ello.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario