domingo, 10 de noviembre de 2013

El videojuego como filosofema

Nadie crree realmente que tras los videojuegos haya algo más que una forma de pasar el rato entreteniendosé sin agitarse mucho, o al menos, nadie se ha dado el trabajo de estudiarlos de otra forma. La psicología es el único campo que les ha dedicado uno que otro estudio, pero solamente en función de sus efectos ya sea en el desarrollo de capacidades cognitivas o de habilidades sociales. En función de esto, es posible que la sociología y la antropología eventualmente tammbién trabajen los videojuegos, pero esta vez en función de sus respectivos campos de estudio. Es la filsofía, que puede hacer lo que le venga en gana, la que debe encargarse de, al menos, esbozar algo al respecto de un tema que me ha parecido muy interesante por las razones que aparerán más abajo. No sé si tiene forma de ensayo o si es solo un monton de ideas sueltas amontonadas, pero mientras más vueltas le doy al asunto, más me convenzo de que el videojuego es no solo un filosofema válido, sino uno indispensable para entender el desarrollo de la sociedad junto a la tecnología.

jueves, 19 de septiembre de 2013

De los saberes ancestrales

Los trabajos interdisciplinarios tienden últimamente a apreciar también el saber tradicional de las comunidades con las que estén trabajando. Sobre esa base, luego viene la pregunta de ¿y nosotros, que trabajamos con asentamientos humanos, por qué ni siquiera pensamos en recoplir ese saber? La respuesta más simple es porque no existe. Tal como tampoco podemos buscarlo en sociedades urbanas, o al menos, en la mayoría de ellas.
Barajo tres escenarios que determinan la existencia de ese tipo de conocimiento:
1.- Pueblos primitivos, pobres o atrasados en cuanto al acceso a la tecnología (usualmente en combo). En esta situación, no le queda al pueblo otra opción que desarrollar el saber común, amplio y empírico, que te permitirá sobrevivir en su medio de la forma más eficiente. Supongo que por ello es denostado a veces,
2.- Larguísima continuidad histórica. Como los hindúes o los japoneses, que han tenido cambios brutales durante su historia, pero lograron ser cambios radicales que solo cambiasen las formas y no el fondo. El saber sobrevivirá como parte de las costumbres legadas de un pasado milenario del cual no se es heredero, sino continuidad orgánica., bajo la forma de ritos y usos que vienen con la panafernalia de esos pasados.
3.- Ciudades burguesonas de naciones jóvenes. No tienen ni relación directa con el medio, ni pasado anteriorísimo milenario que aporte rezagos de la relación con el mismo. Al igual que las ciudades grandes de paises ricos y consolidados, producen intelectuales que se sienten en la condición de investigar a los otros y hallarles ese tipo de saberes; pero estos paises han desarrollado los suyos al punto de convertirlos en ciencias especializadas con pretensión de universales (esta parte es harrrto debatible, pero vamos a dejarla aquí por hoy en pro de la funcionalidad), poco accesibles a la comunidad pero fruto de un largo proceso histórico. Ciudades como Lima no tienen ni saber ancestral indígena, porque se esfuerzan por reducirlo, si saber ancestral como Perú, porque llevamos menos de 200 años en la carrera de ser pais y básicamente hay poco que mirar en el pasado en ese campo.
Y dejando de lado la mirada hacia el pasado, queda la relación con el medio. Quienes están en contacto con un medio natural desarrollan conocimientos acordes al mismo, conocimientos que todos los individuos necesitan adquirir para mantenerse. En un medio de vida artificial, construido desde sus cimientos por la mano del hombre, todo cuando aparezca en él está ya sujeto a un cierto nivel de determinación, de modo que es posible no necesitar el menor conocimiento de un tema para recibir los beneficios del mismo. Es posible pensar en el hombre que no sepa cómo funcionan las bujías del carro que usa todos los días, pero es menos probable pensar en algún indígena que no sepa cómo fabricar desde cero una canoa completa.

martes, 6 de agosto de 2013

Los anclajes de la fe

Hoy conversé con la profesora de filosofía del colegio de mis hermanos. Es la madre superiora de una órden de monjas misioneras y entiende bastante bien la importancia de las disciplinas inútiles. ara lo que nos importa ahora, digamos que está bastante asombrada de la vivencia de la espiritualidad de mi familia. Vivencia que ni me va ni me viene, pero que les sorprende en un mundo en el que está tan diluída. Naturalmente, me las arreglé para no tener que hacer ninguna declaración en primera persona y conversamos durante casi una hora.
Desdepués de darle un par de vueltas a lo que es enseñar filosofía a una bola de chibolos sin el más mínimo interés caímos en el tema de su fe. Me contó de sus ocho hermanos, de sus dos hermanas monjas y de sus tres hermanos casados por la iglesia con fe en el sacramento. Los tres menores, a pesar del ambiente fuertemento religioso de la casa, resultaron bastante más descreídos. A la monja le preocupa lo débil de la espeiritualidad de sus sobrinos por la obvia trascendentalidad de su propia vivencia de lo espiritual, y esto nos lleva directamente al punto importante de la conversación. A muy grandes rasgos expuse en la entrada anterior el sentido del absoluto que orienta asumir la posibilidad de trascendencia desde una religión, pero solo por el lado de lo que tambalea esa noción. Hoy toca desenvolver el otro lado, bastante parcialmente pero con toda la buena intención de entender el asunto.
La religión correctamente asumida da a la persona un punto de anclaje bastante fuerte. Frente al típico individuo post moderno que ve cualquier atisbo de certeza flotar en la liquidez del absurdo, quien vive con alguna religión asume una verdad suficientemente fuerte como para nadar y navegar entre las turbulencias de la duda. Si esta convicción resulta suficientemente fuerte como para definir el camino de vida de una persona, como en este caso, la convicción de actuar obedeciendo designios realmente trascendentales genera a veces una sensación de pedante superioridad, o bien, una sincera preocupación por quienes tengan que enfrentar la vida con la alamarmante ligereza de quien intenta pasarla por encimita sin mayor reflexión. Porque una cosa es segura, y es que solo se puede evitar una buena parte de las angustias usuales si se suprime la capacidad de pensar en ellas. No sirve anular, reprimir o negar el problema de la reflexión, porque el hecho de presumir su existencia es suficiente para joderla toda. Frente a situaciones como la de hoy, resulta imposible negar el altruismo de quien deja patria y familia para cuidar y educar gente al otro lado del mundo.
Hace unos días hice un pequeño repaso de temas de filosofía para unos chicos que llevan el curso con ella, y me dijeron que no habían terminado de entender cómo es que el floro de esforzarse en vivir bien como comunidad era una cuestión filosófica densa más allá de una verdad de perogrullo. Les expliqué algo de las categorías de labor, trabajo y acción de Arendt y de como la condición de nacimiento y creación nos permite a nivel de sociedad subvertir la muerte individual. La monja me dio a intuir que el mismo espíritu de trascendencia y redención frente a la muerte lo que estructura la creencia en Jesucristo. Ahora que lo veo en retrospectiva, resulta extraño que enfocase el sentido de la cristiandad en función de la muerte, siendo lo usual que todas las representaciones cristianas de la muerte sirven para enfatizar la vida, y no viceversa. Pero esto podría ser sesgo mío.
Símbolos, símbolos para todos los gustos
Luego entró a colación el papa Francisco, y resulta que mientras que a todo el mundo le encanta que se presente bastante más sencillo y accesible que Benedicto, resulta que a la comunidad de religiosos no les termina de gustar por esto mismo. Y no por cuestiones tan vanas y egoistas como el hecho de tener que ceder privilegios y comodidades ante un ejemplo de austeridad, sino porque es el papa el que encarna en grado sumo la vida que todos los sacerdotes y monjas, y no son solo el estilo y las formas, sino el sentido mismo. Hacia fuera, un papa que hable de santos en jeans muestra una iglesia que quiere adaptarse al mundo de ahora. Me figuro que hacia dentro será un poco descomulgar con el sentido de vestir hábitos medievales tantos siglos después, no tanto con la estética en sí misma sino con los valores alrededor de esas formas, ya que el hecho de que la máxima cabeza ceda en ese punto desestructura un poco el esquema general. Y si el tema de la ropa es bastante banal (porque lo es, y no lo toqué con la monja), está debajo, como un mejor ejemplo, el discurso del papa Francisco. Simple y ligero como sermón de cura de parroquia frente a las espectativas de un público al interior de la iglesia que esperaba un discurso más nutríceo, les da la sensación de que hay algo que no termina de cuajar frente a la espectativa de quien tiene la verdad absoluta en las cuestiones teológicas más densas. De la misma forma, mientras que los adornos y toda la panafernalia de Benedicto eran símbolos de fortaleza al interior de una iglesia que se siente débil frente a un mundo cada vez más descreído y que cada vez acude menos a ella, para ese mundo descreido eran recordatorios del poder de una iglesia más distante. Supongo que de todas formas hubo en el discurso de la monja un guiño a mantener los signos de poder tal cual, pero qué sé yo, todo el mundo tiende a defender lo que los beneficia. Para este caso específico, la vida propia se orienta en función de aquello que el papa representa, tanto en la cuestión formal del estilo de vida como en la parte más interna de la fe que el mismo representa. La consagración de la vida a un ideal que tiene un prototipo de guía estructura, de alguna forma, parte de su sentido en la figura de dicho prototipo, y por ello el papa debía mantener, al menos para los religiosos, esa imagen imponente.
La imagen de una iglesia para los pobres que intenta contruir el papa Francisco también puede criticarse en función de los dos puntos expuestos, y es que, en la línea de la monja, la salvación, la trascendencia y el sentido de vida que otorga la religión no debería, en principio, ser un privilegio solo para los pobres. Claro que el balance entre un placebo para el pueblo y la receta de la vida plena ha demostrado ser una cuestión casi quimérica, pero ciñéndonos al sentido estricto de tracender, las características socioeconómicas de un grupo son irrelevantes. Recordé a los caviares realemente comprometidos y como no son tomados en serio por quienes se venden como realmente pobres y llamados a comprometerse mientras me hablaba del camello pasando por el ojo de una aguja.Si a la iglesia se le critica tener bienes y propiedades, esta se defiendi diciendo que es la única forma de hacer bien su labor. Dejando de lado el oro y las joyas, me inclinaré que esto puede funcionar como una apología para el caviar en el buen sentid.
Mi memoria es pésima y como ya han pasado dos días desde esta conversación, no recuerdo si hubo algún otro tema interesante que saliese a flote.

viernes, 2 de agosto de 2013

Tres formas de enfrentar la vida

Conclusiones rápidas anotadas a la volada andando a caballo a punto de desbarrancarme
1.- Contemplar la trascendencia en el plano físico e inmediato. Es decir, volcar el sentido de la vida en un ente (lo más sano es que sea otra persona, pero locos nunca han faltado). Si son los hijos, es también una forma de calmar el afán biológico por reproducirse. Si es la pareja, es la potencialidad de calmar ese afán. El problema de esta forma es que se presta a excesos porque, al supeditar el sentido de una vida a otra, el peligro de desdibujar la plena vivencia propia al instrumentalizarla para otra. No es que ello sea malo, por lo contrario, me resulta una forma extrañamente bella de enfocar el problema, es solo que el riesgo del desequilibrio es incluso más grande.
2.- Tener en mente la trascendencia espiritual, ya sea ultraterrenal como dicen los cristianos, o en forma de vida terrena, como buscan los budistas. La búsqueda permanente de la plenitud interna en función de un conjunto de creencias enfocadas en la promesa de la manutención de dicho estado da un norte más independiente que el supuesto anterior. El problema radica en que esto descansa en la fortaleza de dichas creencias, y para alguien que ha sido educada en la duda permanente, resulta difícil establecer algo tan grande sin cuestionarlo. Dicho cuestionamiento resulta útil y puede llegar incluso a fortalecer y enriquecer la creencia, pero también puede tambalearla y destruirla, y ahí volvemos a flotar sobre la nada.
3.- Abordar sanamente el absurdo. Los dos modos anteriores introducían, de alguna forma, la noción de un absoluto hacia el cual orientar la vida. Del otro lado, está la constatación de la inexistencia de dicho absoluto, y frente a este, el vacío. La pugna para asumir ese vacío es dolorosa desde el momento en el que se reconoce que no habrá algo que valide y garantice lo que se asume como trascendente. Naturalmente, este es el punto con más riesgos, pues frente al Absurdo están tanto el Absoluto y el Vacío, y si se rompe con el Absoluto, el Vacío se ve fortalecido. La enorme posibilidad de caer en el vacío es lo que asusta del absurdo. La gracia está en aprender a sentarse al borde del abismo y caminar por el absurdo, aceptando que la imposibilidad de trascender no es tan mala porque, en el fondo, es, de un lado, extremadamente excepcional hacerlo, y, del otro, funcionalmente innecesario.
La ataraxia, paz hippie, paz zen o como quiera decírsele a la sensación de calma que no desborda el pecho sino que lo purga de preocupaciones puede nutrirse de forma igual de ambas fuentes.

miércoles, 31 de julio de 2013

Resultados de sacar un cartel a la plaza

Hace casi una semana saqué un cartel en la plaza de armas de Moyobamba, durante el desfile por el aniversario de la ciudad. Para esto, había un pequeño grupo de antitaurinos con una gigantografía y los cartelitos de la ocasión, y no es que yo esté en contra o a favor de la tauromaquia en sí, sino que a fuerza de hallar tanto antitaurino fanático/maniático tuve que buscar argumentos para mandarlos a callar un rato. El cartel que hice después de verlos un rato decía "Los toros son cultura", lo hice a la volada, sin animos de convencer a nadie y con toda la intención de obtener un poco de entretenimiento barato, y el experimento me ha dejado satisfecha.
Yo estaba parada frente a los antitaurinos, preo cruzando la calle. Obviamente, estaba sola porque es dificil hallar quien secunde este tipo de payasadas, pero se me acercaron dos señoras y me pidieron que les explique qué hacía con un cartel tan mal hecho. Les expliqué que era para molestar a los del otro lado de la calle, y una de ellas me dijo que no me iban a entender el asunto de la cultura, y las dos me pidieron que sea más directa y ponga "Queremos corridas de toros", así que lo hice. Me contaron un poco que les gusta que haya más corridas este año y que les parecía ilógico que hubiese gente marchando para prohibirlas. Después me dijeron que cruce la calle y vaya de frente con los antitaurinos, así que doblé mi cartel y empecé a caminar. Las dos señoras usaban solo sandalias. A media calle me encontré con la que fue la nana de mi papá, la señora más tradicional y arraigada a esta tierra que nadie podría conocer, y le pregunté qué opinaba de los toros. Me dijo que aunque a ella no le gustan mucho, había que ser tolerante, y que siempre había habído corridas de toros en Moyobamba.
Cuando llegué al otro lado de la calle, unos cuantos enternados me miraron con desprecio, uno me dijo que era una salvajada, otro que era sadismo y crueldad, uno más me gritó que le daría vergüenza cargar ese cartel tan inracional (a este le grité que la palabra es irracional, pero que mi cartel era racional). Los típicos notables de pueblo que adoptan la pose liberal de turno sin molestarse en dejar que los varoncitos de la casa laven los platos. Me quede parada esperando a que los antitaurinos mordiesen en anzuelo. Se pararon detrás de mí un tío británico muy desubicado y un pata en sus veintitantos con gorro de hipster, los dos con el polo de la marcha. El tío me agradecío por apoyar la marcha y el otro lo corrigió. Empecé a conversar primero con los dos, luego el cuasihipster se fue y me dejó con el gringo un rato, luego volvió y después apareció una chica a llevarse al gringo. De esas dos charlas saqué cuatro conclusiones respecto del sentido de esta protesta, las tres primeras se desprenden directamente del discurso de esos patas, y la otra la puse yo sobre la mesa. No viene al caso transcribir todo el diálogo, pero aquí van. Son, en lista:
Está a un costado, pero que se note el "No es nuestra cultura"
1.- Hay un fuerte factor cultural de rechazo al foráneo. Moyobamba, como ciudad, tiene una mentalidad absolutamente cerrada en torno a este tema en específico, y frente a esto se conjugan dos factores. El primero es que, dado que antes de la construcción de la carretera marginal había muy pocos migrantes, estos siempre fueron cosa extraña, y ya que la gente aborda a los desconocidos desde el estereotipo, prima el estereotipo más despectivo acerca del serrano. Poco importa que la lánguida economía local resultase dinamizada con esos migrantes. El segundo factor es el más importante, ya que a fuerza de intentar vender la ciudad como un destino turístico sin hacer el menor esfuerzo por invertir en ofrecer algún producto medianamente interesante para el turista promedio, se busca mantener intacta una tradición más inventada que real, sin mayores símbolos o estampas. Frente a esto, la cultura de la sierra lleva varios pasos por delante, y por más pobre que sea un migrante, lleva consigo hábitos y costumbres bastante más notorias. El año pasado se prohibió absurdamente que en las calles sonase música que no fuese propia de la zona durante la fiesta de San Juan, y el resultado fue obviamente tan patético como inútil.Con este antecedente, y ante la mayor difusión de corridas de toros (porque ojo: en Nueva Cajamarca las hay desde hace un buen tiempo), el horror de quien nota que está perdiendo una pelea en su cancha.
2.-Estas protestas antitaurinas en específico (no me atrevo a generalizar) disfrazan una brecha socioeconómica. No es que conociese a la gente con pancartas, pero a fuerza de estar metida en un colegio evangélico durante casi toda mi época escolar reconocí a las caras que estaban ahí.Gente que con suficiente dinero para pagar un colegio privado que, si bien no era tan caro,sigue siendo un colegio privado. Gente con la panza llena y posibilidad de recibir educación superior. Gente  con acceso a Internet y ese tipo de comodidades en una de las ciudades con mayor desigualdad en el Perú según el índice Gini. El cuasihipster me hizo notar esto en dos momentos, el primero, cuando quiso desviar la atención dirigiéndose hacia la "decadencia moral de la ciudad" que se evidenciaba en la proliferación de carteles publicitarios con mujeres desnudas, en un intento de atacar alguna sensibilidad de género que no iba al caso. El segundo momento fue el más importante, porque frente al discurso del [populacho pobre] bruto, salvaje e ignorante que disfruta del espectáculo cruel y sangriento de la masacre del probecito torito, aparecía yo a conversar del asunto metiendo a colación lo que va a ser el cuarto punto en esta entrada, que es el tema de la relación con la muerte y la sensación de trascendencia al interior de la tauromaquia. Como tengo todo este vagaje de intelectualoide, me propuse no usar palabras rebuscadas, pero como el pata en cuestión estaba muy metido en las cuestiones de su iglesia, que es el siguiente punto, seguir usando la palabra "espiritual" no me convenía, porque mientras que yo la usaba como opuesto a lo corporal, él la entendía con todo el floro de su iglesia, así que se me ocurrió decir "metaterrenal". El problema es que el prefijo "meta" es extremadamente académico y el tipo se asustó de ver que el debate alturado y con argumentos también existía al otro lado de su posición, y esta no solo la defendía la bola de bestias. Solo atinó a decirme que si toda la gente que ve las corridas pensase tanto como yo, el problema sería distinto. Naturalmente, pensar mucho o poco no tiene nada que ver con la circunstancia que él llamaba problema, y de hecho, esta seguiría exactamente igual. Luego se fue.
3.- Los miembros de la iglesia presbiteriana son los súper elegidos/ gran cagada/ última cocacola del desierto, y como tales seres espirituales que son, viven en un universo paralelo lastimosamente conectado al del resto de mortales. Ok, fácil y exagero, pero diez años rodeada de ellos no me deja duda de que, en el fondo y no tan al fondo, se sienten efectivamente superiores al ciudadano promedio por una fe que, la experiencia me indica, los proclama tan tolerantes como el Jesús que comía con las putas y los choros, pero los hace más sordos que una pared si se intenta explicarles algo distinto del dogma de turno que estén defendiendo. En realidad, esta parte no podía ir antes de lo ya expuesto, pero la tocamos al inicio de la conversación y estaba incluso en el panfleto que repartían invitando a la marcha. Una marcha de fe, una convocatoria a los verdaderos cristianos, un llamado a levantarse frente a decadencia de esta nuestra pobre ciudad asediada por el diablo que se manifiesta en las costumbres de tú ya sabes quienes. Esto por el lado terrenal que tanto se esfuerzan en pulir y refinar con la meta de anular, olvidándose de que esa naturaleza terrenal es el contenedor de toda la vaina espiritualísima que se manejan, y, de momento, la única constancia de que realmente existen y pueden hacer algo. Por el lado espiritual, sobra decir que todos los esfuerzos por vivir únicamente en este plano solo sirve apartándose de la sociedad para vivir en una cueva y cultivar las cuatro hierbas que vas a comer hasta morir de anemia. Vivir en sociedad no es compatible con vivir meramente en un plano espiritual porque desvincula a la persona de su realidad más inmediata, y mientras que esto estaba de moda entre los monjes de convento y era muy prestigioso en la época medieval, cabe recordar que vivimos en el siglo XXI y que ya se han acabado los tiempos en los que se podía hacer eso sin que nadie fuese a revisar si se estaba clínicamente loco. Para este caso específico, el resultado es un panfleto que pretende hablar de teología, psicología, psiquiatría, sociología y filosofía, pero escuda y defiende sus inexactitudes (que son muchas y peligrosas) diciendo que está dirigido a los creyentes. O sea, ser creyente te hace no sé si automáticamente estúpido como para que se dirijan a ti de ese modo, haciéndote indigno de un poco de rigor al tratar temas espinozos; o si esa es la usanza al dirigirse a los creyentes, lo que nos deja el típico sabor en la boca a usamoslareligiónparaengañaryembrutecer, pero que tanto se esfuerzan en limpiar hacia afuera.
4.-Por último, la desmitificación o desritualización de la muerte. Esto juega a nivel mucho más general y merece un tratamiento más detallado, pero ahora me limitaré a la parte que le expuse al gringo cuando su amigo lo abandonó. La religión, en su discurso más retrógrado, niega la vida como fin en sí misma y la afirma comosacrificio/tablón de méritos para la vida ulterior. La muerte es aquí una puerta hacia esa próxima vida, el momento cumbre de esta vida terranal mugrosa, una puerta bonita. Pero nadie te dice nada sobre cómo afrontar la puerta en sí misma, y ahí es donde se jode todo. La ciencia que nos demuestra que es posible prolongar una vida que ya aburre a su portador, la ciencia que nos muestra que le podemos sacar la vuelta a la muerte un rato y que, en ese trance, se vuelve la principal preocupación y agonía de quienes se aferran a ella. Frente al miedo que provoca, se ha logrado subvertir este miedo bajo la fe en la ciencia, pero a costa de negar la muerte como parte del ciclo de la vida. Con todo esto se genera una ficción que desdibuja los bordes de la existencia y ayuda a perder el norte en este tipo de cuestiones, se desacratiza el único elemento que es seguro en la vida. Y todo el floro usual respecto a la muerte, que nos homologa, que es el fin del sufrimiento (también de las alegrías, pero nadie consuela anadie con esto), que su cercanía es lo que nos hace valorar y aferrarnos con más fuerza a la vida, y lo que nos obliga a buscarle algún sentido. Pero qué más da si podemos creer que no es el cierre definitivo por un rato. Con todo esto detrás, resulta coherente banalizar la ritualidad destrás de la tauromaquia a un espectáculo sangriento para salvajes, dejando de lado que el baile con la muerte que representa está íntimamente relacionado con algún tipo de catarsis referente a la vida. Le dije al gringo que, con un cariz bastante diferente, el énfasis que se hace en la muerte de Jesús tiene mucho de esto, y que es un ejercicio ocioso hacer toda la sistematización que yo hago del tema, porque en el fondo la aprehensión de esta experiencia no puede ser más conceptual que vivencial, sería ilógico que funcionase de otra forma. El gringo pareció escuchar, pero no había punto en intentar convencerlo. Otro esclavo del ideal de turno. Luego fueron a buscarlo para algo con los padrones de firmas que tenía en el bolso y se fue.
Obviamente, yo no iba a convencer a nadie. Tampoco me interesa figuretear. No sé si buscaba hallar algo específico con el cartel, pero sirvió, durante una hora, para evidenciar los disfraces de turno de los projuicios de toda la vida.

viernes, 19 de julio de 2013

La esencia del ávatar


El primer punto a tener en cuenta para determinar la  naturaleza del ávatar aparece en los últimos capítulos del libro fuego, y lo da la tortuga-león: en el principio fue la energía. La especialización en elementos específicos viene luego, y a pesar de ser tan tangible, Toph y su metal-control demuestran que es también artificial, aún si se asume como natural. De esta naturalización son prueba todos los animales a los que es inherennte algún tipo de control. El camino del ávatar Aang en ese momento consiste en ir a la inversa de esos procesos de especialización y llegar al control de esa energía original.
Partiendo de que es labor del ávatar mantener el equlibrio entre las naciones, y entendiendo que la esencia del ávatar están en controlar los cuatro elemenos, esto es, en controlar la energía a un nivel más amplio que el promedio de la gente, podríamos extrapolar que la energía no distingue elementos a priori. Siguiendo esto, y dado que esa energía no es exclusiva de la especie humana, asumo que esta existía de forma libre en el mundo, por sobre la materia. Así podría pensar en una amalgama de elementos, algo así como una sopa cósmica, que va tomando diferentes formas de acuerdo con la energía que la ordena. Entonces, esa energía que existe por encima del plano físico determina y se manifiesta a través de este, y por lo tanto, la esencia de lo que sería luego el ávatar existía ya desde el inicio mismo del universo. Recordemos, pues, que el mismo concepto de ávatar, que es la manifestación de un dios en un cuerpo, o su encarnación, de acuerdo con otras traducciones. Ya que en el mundo de Aang no se menciona a ningún tipo de dios es particular, sobreentenderé que no hay ninguno, y el principio de trascendencia y órden que rige ese mundo será la energía, por lo que el ávatar no es solo quien controla los cuatro elementos, sino quien, tal como Aang demuestra, controla la energía de la que es manifestación de forma excepcional.
La pregunta grande está en por qué resulta siendo un humano quien encarna el ávatar, habiendo también otras criaturas que controlan los elementos y otros seres espirituales. A las finales, al nivel ontológico y trascendental en el que se mueve esa energía absoluta que rige el universo, la especie humana no tendría mayor mérito en sí misma frente a las otras. Lo bueno de esto es que la próxima temporada de la leyenda de Korra estará esbozando una respuesta a esto, presentando en flashbacks la historia del primer ávatar. La poca información que hay de momento al respecto apunta a que el pata que llega a ser ávatar buscaba un punto de equilibrio entre el mundo físico y el mundo de los espíritus, y es ello lo que lo empuja a convertirse en ávatar, en encarnar en sí esa voluntad de órden.
De esta forma, ahí aparece el mérito de la especie humana, no en ninguna habilidad especial o en algo inherente a su existencia física, porque eso sería tan fácil como arbitrario. La gracia de los humanos está en que se asume el compromiso de afrontar el caos en pos de un bienestar general, el cual es el paso que no dan ni los otros seres espirituales ni los otros animales que controlan algún elemento. Así avanzamos del universo del ávatar Aang al libro de formación cívica de mi hermano, porque de alguna forma ambos dan a entender que son el compromiso y la voluntad de crear un mejor mundo común son aquello a lo que deben aferrarse las esperanzas en la sociedad, más que a la técnica que se desarrolle en función de ello.

martes, 2 de julio de 2013

Cuando murió el cien cabezas

Borges se refiere al cien cabezas como un monstruo creado por el karma acumulado de un brahmán que insultaba a otros monjes llamándolos 'cabeza de mono', 'cabeza de perro' o de cualquier otro animal. Al reencarnar el monge, lo hizo en un pez con todas las cabezas con las que insultaba. En algún momento, unos pescadores lo sacaron a la orilla y Budha, que pasaba por ahí, le preguntó si era Kapila. El monstruo dijo que sí y murió.
La vida del cien cabezas seguro sería un caos tratando de conciliar tantas naturalezas contrapuestas, luchando para satisfacer las necesidades disímiles de cada una, mientras que talvez entre ellas, de cuando en cuando, quisieran matarse. Todo eso unido a la existencia, ante todo, como pez. No sé que tanto sumaría esto al conflicto entre las cabezas, pero ya que el cuerpo tenía también una naturaleza distinta, ninguna cabeza podría satisfacerse a cabalidad nunca. El cien cabezas era muchos, y el conflicto permanente.
Si el cien cabezas muere cuando Budha le pregunta por su identidad anterior, es porque ello lo lleva a recordar la unicidad que se le había diluído entre tantas cabezas. Es ese el momento en el que vislumbra la única salidad a todos sus problemas. Si en vida era muchos porque era muchas cabezas, en la muerte sería un único cuerpo inerte.