miércoles, 23 de enero de 2013

Cómo matar una espiritualidad

Hay un menú enorme de páginas de ateos en facebook. Están los que suben pequeños artículos de divulgación científica, los que se dedican a blasfemar para luego burlarse de los ataques de los cristianos y los que combinan las dos tendencias. El énfasis que se pone en el ateísmo en las redes sociales es una suerte de afirmación grupal contra las contradicciones del cristianismo, pero ser ateo en estos tiempos no es más que ser producto de los mismos. Atrás están las épocas en las que un ateo debía ser capaz de refutar a toda la teología habida y por haber para que su sustentación de la no existencia de dios no fuese un momento de confusión o de posesión demoníaca, ahora nadie hace mayor escándalo en su grupo de amigos si se declara ateo, aunque fácil y sus padres se espantan un poco; y la tendencia es esa. Ya no se discute tanto sobre la existencia de dios porque cada vez es un tema que interesa menos, con la excepción de los círculos religiosos que sí viven de ello. Y esa es la tendencia, señores, aunque la gente siga necesitando algo de espiritualidad, tienden a ser menos los que se vuelquen hace la cristiandad y más los que busquen rellenar ese espacio con alguna filosofía oriental misticona.
La pregunta central de todo eso es por qué es que nos hemos vuelto, como sociedad, tan inmunes hacia la religión que ha moldeado nuestra cultura. El mundo no occidental parece manejarse mejor en ese tema. ¿Por qué empezó la secularización? El racionalismo y el despunte de las ciencias son una excusa, pero muchas religiones han convivido con la ciencia. La secularización es la ruptura de la cadena del ser, que deja al individuo flotando en el aire sin un discurso que estructure su vida. ¿Por qué se vuelve posible el quitarse una cadena tan pesada? Al margen de lo que el desarrollo tecnológico pueda aportar, considero que la verdadera razón está en las mismas características del cristianismo.
Si bien una vez establecido como religión hegemónica no dejó mucha opción, antes de serlo el cristianismo era una religión opcional. Nadie podía elegir ser romano o judío o samaritano o griego, pero sí se podía elegir mandar a rodar todo lo anterior y abrazarse a las promesas del dios nuevo, que era para todos los que le creyesen, porque los que no serían torturados por toda la eternidad. A pesar de lo que luego hicieron las iglesias, ser cristiano empezó por ser una decisión más allá de lo que el nacimiento de la persona determinaba para esta. He aquí la primera ruptura con la cadena ontológica.
A diferencia de otro tipo de dioses, de esos que están ahí porque así es, independientemente de si les crees o no, el dios cristiano necesita la complicidad de su feligrés para ser. La religión nueva era así de atractiva, proponiendo un trato directo con el encargado (la burocracia vendría luego). Pero luego, cuando esta deja de ser una forma de rebeldía, de espiritualidad y de lucha, esa misma característica se vuelve en su contra. Pongamos por ejemplo a Visnú. Para alguien a quien le enseñasen a creer en el panteón de dioses hindú, no hay nada que se pueda hacer con Visnú, la realidad misma y con ella la humanidad son parte de lo que sueña el dios y eso es inexorable. Obviamente hay más ritos y parafernalia al rededor de ello, no pretendo simplificarlo tan horriblemente, pero no es lo mismo para el cristiano. Él está forzado desde el principio a hacer nacer a dios, al mismo dios que se supone es, además, demiurgo.
Si bien la paradoja es menos obvia cuando se hace la distinción entre dios padre y dios hijo, a nadie le interesa mucho. El por qué de la secularización está en la posibilidad misma de hacer nacer a dios. Antes se lo mataba, pero ahora es más difícil que nazca. Y mucho más si el ambiente no ayuda.

martes, 22 de enero de 2013

Para qué se lee filosofía (un esbozo)

La pregunta ya ha sido masticada por todos los puntos imaginables, y no es mi intención recorrerlos al dedillo. Lo mío puede sonar más bien a un enfoque hippie de la cuestión, porque no voy a poner el énfasis de esto en el contenido de la filosofía en sí misma, sino en el sentido que puede tener en la vida el dedicar tiempo a algo sin utilidad práctica.
Ya el mismo Aristóteles decía que la filosofía, si bien era la ciencia más perfecta, no era práctica, y por el hecho de no servir a ningún fin ulterior era que se volvía valiosa en sí misma. Algo de dos mil años le han pasado encima a Aristóteles, pero este concepto se mantiene válido. No es necesario pelearse con el mundo para encerrarse a filosofar y llegar a la conclusión de que la vida contemporánea te fuerza a estar siempre apurado, te crea una compulsión por llenar cada tiempo y cada espacio vacío y, lo más duro, con las justas te deja tiempo de dormir lo suficiente. El tiempo se ha vuelto tan escaso que lo inútil, como ver en una enciclopedia por qué el cielo es azul, no tiene ningún sentido y, por ende, no merece tiempo.
Del otro lado, las críticas a la modernidad incluyen la automatización de las masas y la generación de individuos procedimentalistas que cumplan con el deber (en un sentido muy kantiano) independientemente de los contenidos de este. En esta línea, la optimización del tiempo es necesaria para evitar mayores desviaciones, lo cual no excluye a las actividades recreativas, sino a las actividades solitarias, dado que el grupo se dirige, mientras que la soledad se presta a la divagación. La filosofía en general es siempre, en grados distintos, un ejercicio de confrontación con los vacíos de turno más urgentes. No una evasión ni un intento de relleno, porque los vacíos se mantienen tal cual salvo gran cataclismo y los tratados filosóficos no revuelven el mundo demasiado.
El mérito está en la fe en la solución pero, sobre todo, en que al conocer el vacío, este deja de ser espantoso. Nos falta mucho para que la calma cotidiana deje de asustarnos. Quienes han crecido en ciudades grandes soportan tres días fuera del barullo habitual porque esos tres días se llenan de horas eternas y calman un rato, sosiegan luego, pero al final aburren. La quietud ha dejado de ser natural, el idilio pastoril de la literatura ha muerto hace rato, y yo intento sobrevivir al vórtice perdiendo el tiempo, pausando mi tiempo, con filosofía. La que sea, todo sirve. Nietzsche, Arendt o Taylor; o Kant o Platón o hasta Parménides, aunque sea para trabarse la lengua un rato. O por qué no, ensayar trabalenguas, hacer burbujas, ver estrellas. Cosas inútiles para no adormecerse y caer en un mundo que no te deja en paz.

viernes, 18 de enero de 2013

Colonialismo para niños

Hace unos cuantos días vi Avatar: la leyenda de Aang, y hace un par de días leí los cómics, que son una secuela de la serie. Si quien lee esto no ha visto la serie o no tiene idea de qué va, la recomiendo mucho porque, a pesar de ser una serie para niños, hay muchas otras cosas que pueden verse y disfrutarse desde una perspectiva más crecida. En esta entrada quiero desarrollar algunos de ellos, pero la serie me ha gustado tanto que es posible que luego trabaje desde otros enfoques. Para quienes sí han visto la serie completa y son fans, quiero aclarar que todavía no he pasado del primer capítulo de la leyenda de Korra, y no es que me disguste ni nada, sino por el contrario, la hallo como una buena forma de reimaginar al avatar. La razón por la que aún no termino de verla es que siento que, para poder sentirme cómoda viendo al avatar en un mundo tan diferente al de Aang, necesito primero cerrar los puntos que voy tratar acá para tener una teoría que me sirva para entender ciudad República.
Ahora, volviendo a la leyenda de Aang, he podido ver tanto en la serie como en el comic varios elementos que parecen extrapolados de una serie de críticas de la realidad que se genera con el mundo industrial, encarnado en la Nación del Fuego. Hay muchos puntos al rededor de esto, pero como no quiero extenderme mucho, no voy a explicar el contexto de cada uno de ellos, por lo que esto será más fácil de leer para quienes conozcan la serie.
La Nación del Fuego es una suerte de alegoría de la explosión industrial de Inglaterra en el siglo XIX y su proceso de colonización. Expansión militar, navegantes rondando por el mundo, fábricas y maquinaria pesada. Aunque no hay comerciantes ni corsarios, la cosa queda clara; aunque el discurso que le dan a los niños sobre el porqué de la expansión ("compartir el bienestar de la Nación del Fuego con las otras naciones") suena más bien a la Alianza por el Progreso de Kennedy. 
En un capítulo específico, el equipo avatar se porta como anarquistas de principios del siglo XX y destruye una fábrica para beneficiar a un pueblo. Mensaje ecologista/ambientalista mezclado con cuestiones sobre el rol del estado frente a su población, aunque debido a la naturaleza de la fábrica, no surge un proletariado propiamente, y solo queda el empobrecimiento de las poblaciones que esta genera. 
Si bien el Reino Tierra y las Tribus Agua pueden contar como sociedades preindustriales, el hecho del control especial de los elementos pone a ambos en condiciones de alcanzar niveles de desarrollo acordes con esas habilidades.
Además, está el peculiar modo de gobierno de la ciudad de Ba Sing Se, una dictadura monstruosa al puro estilo de todas las dictaduras monstruosas que han habido, cosa que espanta al avatar por contradecir con los ideales de igualdad que los monjes le han enseñado y que los muros internos de la ciudad aplastan. Directamente, los episodios dedicados a Ba Sing Se son una crítica a las dictaduras totalitaristas y una defensa de la necesidad vital que consiste la libertad.
Y por último, y para hacer honor al título de la entrada, la situación de la ciudad de Yu Dao que aparece perfilada en el cómic. La situación de colonia antigua ha dado tiempo de que las culturas involucradas se amalgamasen hasta un cierto punto, tal como en las colonias del mundo real y las de Latinoamérica en particular, pero la situación externa a la ciudad fuerza conflictos que, debido a la narración, ponen a la gente de la resistencia a la descolonización como quienes tienen la razón. Katara se encarga de señalar lo dañino de la segregación que defienden quienes quieren repatriar a los colonos.
Todos los puntos del dilema quedan expuestos y todas las partes tienen algo de razón frente a la cuestión de las colonias más antiguas, y si bien todo lo que he escrito acá ha pasado, obviamente, por mi filtro de realidad, lo que más me ha llamado la atención es que la serie fue planeada originalmente para niños entre seis y once años y aún así mostrase dilemas grandes que pueden explorarse más críticamente, incluso con cierta controversia. No sé cuales habrán sido las intenciones de los creadores al incluir los elementos que he señalado, pero estoy segura de que el éxito de la serie descansa en ellos.

jueves, 17 de enero de 2013

Por qué hacer una cometa

Desde hace un buen tiempo que la universidad me da la sensación de aprender un montón de cosas, pero el día en que a mi computadora no se le prendía ninguna luz, me sentí impotente porque ya era muy tarde para llamar al servicio técnico. Lo de la universidad me será útil para la vida intelectual, laboral, académica, lo que quieras, pero en ese momento absolutamente inútil para un problema concreto. Pero claro, oh wow, cómo ha avanzado la tecnología en estos años, es por ello que el conocimiento del no especialista está muy lejos de servirle para arreglar lo que lo rodea. Nos hemos distanciado de lo que usamos diariamente, nos hemos dejado rodear por tantas cosas llenas de complejidad que son inaccesibles, cosas en las que difícilmente alguien ha puesto algún afecto.
El hablar de afectos hace que quien sea suene a pavo romanticón, pero creo firmemente en que crear vínculos con los objetos no es tan dañino como un usuario de BlackBerry te ofrece. Uno de esos teléfonos te absorbe, pero lo puedes reemplazar por uno mejor sin mayores culpas. No hay mayores lazos que los de la conexión con internet que ofrece, la solidez no existe, la relación está marcada por una suerte de dependencia teñida no sé si de nihilismo por lo fácil que resulta desprenderse o de cálculo de costo y beneficio. En cualquiera de los casos, no hay nada que impida tirar el cachivache cuando deje de funcionar.
Una cometa es diferente. Una cometa es la negación absoluta del BlackBerry. Primero porque la cometa está asociada a alguna de las tantas infancias idílicas y medio ficticias en la que los niños correteaban, mientras que el otro es símbolo de la modernidad dura, de un cierto status y de la dinamicidad de la posibilidad de estar conectado y cuasipresente en todo momento y blablabla. La BB es estar y no estar fisgoneando en todo lo que pasa salvo si está suficientemente cerca para verlo a simple vista. Una cometa requiere salir a correr, lo que ahora implica hallar un lugar si cables, y correr requiere primero no terminar respirando como Darth Vader a los diez primeros metros, y es necesario sobre todo fijarse en la cometa en todo momento. Verla volar, hacerla subir, dejarla bailar, solo verla, cuidarla. Y antes de eso, buscar la madera, buscar el papel, armarla. ¿Quién carajo arma algo que se puede comprar armado?
Voy a construir una cometa en algún momento, solo para probar si lo que escribo más arriba es cierto, para ver si te puedes encariñar con un montón de palos e hilos y goma y papel por el mero hecho de haberlos unido en algo sino armonioso y bello, al menos coherente y funcional. Quiero probar que me puedo desprender de lo artificial un rato sin volverme hippie ni zen.

martes, 15 de enero de 2013

Primera entrada

Hola a todos! Si hay alguien leyendo esto, utilizaré este espacio para lo que tradicionalmente sirve la primera entrada de todo blog: decir de qué va a tratar. Antes que nada, esto no va a ser un diario ni una compilación de textos académicos, y aunque puede que un par de cosas se filtren en algún momento, intentaré que solo ocurra si es estrictamente necesario. Este es el experimento de alguien que se aburría un poco, y pretendo usar el espacio para no perder la práctica de escribir sobre más cosas que las que me exija la carrera.
En primer lugar, este blog promete ser un almacén de pensamientos sueltos respecto a lo que se me pase por la cabeza en ese momento, lo que significa que la conexión entre los temas no está garantizada. Puede que en algún momento aparezca una línea temática más o menos definida, pero la intención no es esa. Este es un cajón de sastre.
En segundo, el desarrollo de las entradas no se ciñe a ningún formato. Ya que esta es una forma de hacer un registro de cosas que seguramente terminarían en un cajón, la papelera o una hoja suelta, habrá desde esquemas simples hasta - espero - textos con un cierto orden, y algún dibujo si me siento con ganas. Pero posiblemente solo esquemas o listas de cosas a desarrollar con más tiempo y ganas, luego.
Y por último, este es un mero experimento personal. Puede que lo olvide en un par de semanas y me de pereza retomarlo cuando me de cuenta, puede que la universidad me coma y solo tenga tiempo de publicar acá cuando me vomite algún fin de semana, o puede que yo me quede sin saber qué escribir por un tiempo. Pero quiero ver cuanto tiempo me dura el chiste, o cuanto esfuerzo le puedo poner. Así que aquí vamos.