Los hermanos Grimm, Charles Perrault, Hans Christian Andersen y otros cuantos se encargaron de compilar los cuentos de hadas que llenan una buena parte del imaginario colectivo común de las sociedades occidentales, más allá de las variaciones locales o la disneyificación de la gran mayoría de esos cuentos. Con la última moda de Hollywood de adaptar estos cuentos, alejándolos brutalmente de sus versiones originales, he escuchado muy seguidamente la crítica de que se pierde el sentido del cuento al convertirlo en una película, pero a mí realmente me gusta ver ese tipo de transformaciones.
Todas las historias de los cuentos de hadas parten de un mito, pero dicho mito original viene a ser únicamente los rasgos comunes de todas las versiones existentes de tal. Así, el Hamlet de Shakespeare es una recreación del mito del príncipe Hamlet, que es mucho más antiguo y a nadie le importa porque es la genialidad de Shakespeare la que le dio una vida más larga a un mito que, quizá como muchos otros, no sobreviviría de otra forma al paso del tiempo. El mito de la Cenicienta incluye al padre pasivo, a las hermanastras y la madrastra malvada, y también al príncipe; pero lo que cambia en muchas versiones es el ente que ayuda a Cenicienta. Disney inmortalizó la figura del hada madrina que recoge Perrault, mientras que los hermanos Grimm presentaban un árbol con un pájaro que le entregaba la ropa a Cenicienta; y si bien esa diferencia es abismal, no constituye un cambio tan abrupto como podría esperarse. La edad de la princesa también se modifica al gusto para que no sea perturbadora, y si bien no se me ocurre mayor moraleja para la historia aparte del elogio del trabajo sacrificado, lo esencial de la historia se logra mantener intacto.
Una suerte diferente corren otros cuentos que, en lugar de ser adaptados directamente por la industria del cine, son objetos de una suerte de historia posterior a la de su mito. En esta categoría están la Alicia de Tim Burton, la última versión de Hansel y Gretel como cazadores de brujas, o Juanito el de los frejoles mágicos como cazador de gigantes. Dejando de lado el hecho de que la película de acción con muchos efectos especiales es una suerte de cliché, el trabajo de mantener una historia interesante, con una narrativa propia distintiva. Los últimos Hansel y Gretel son una versión adulta de los originales, pero la película no genera mayores planteamientos alrededor de algún tipo de problemática. Su destino es engrosar las filas de las películas que duran solo su tiempo en cartelera. En cambio, la última Alicia, a pesar de las críticas a la película, desarrolla una problemática en torno a la persona de Alicia que enriquece mucho al mito. En ese momento, el mito original y la vida que ha generado se independizan en vista del nuevo proyecto, pero el mito logra mantenerse vivo y, lo que es más importante, vigente, al adaptarse a problemáticas diferentes.
Este no pretende ser un artículo de crítica de cine ni mucho menos, tampoco uno de literatura porque necesitaría consultar mucha más bibliografía al respecto. Es solo un esbozo, con respecto del rol evidente de la industria del cine en la preservación de los mitos que nutren parte de los imaginarios colectivos. Su eficacia, utilidad y permanencia, es decir, su trascendencia, son factores que ahora solo pueden ser intuídos, a la vez que presentan un buen paquete de cuestiones a analizar.