Situación A
-¿Estudiaste ?
-Naaa... con fe
-Sí, con fe
Situación B
-¿Estudiaste?
-En realidad, no
-Ah, con fe
-Sí, con fe, es mi esperanza en medio de nada
-...
La fe, entonces, es para los vagos y los irresponsables. En su estado natural parece que no sirve de nada, pero luego viene la situación B y si bien no se descuadra todo, porque no importa tanto, te recuerda que la fe era más que una excusa cuando no estudiaste. Nunca absoluta, en realidad, a estas alturas, cualquier referencia a la fe no tiene nada que ver con algo trascendente, sino con un mero azar. Es curioso como el habla común ha banalizado el tema de la fe hasta tal punto que si alguien se refiere a ella como una esperanza en medio de nada, es porque hay dos opciones: estamos frente a una persona tan nihilista que, a falta de algún tipo de sentido que llene 'eso' que se ha vuelto nada, se lo ha encomendado todo al azar, lo que implica un desapego brutal con respecto a ese 'eso' y también, por qué no, una negación de toda agencia con respeto a la vida propia. La otra opción, que es la más probable, es que la persona en cuestión tenga esa fe enfocada en algo trascendente para ella, por ejemplo, dios, y que sea realmente una esperanza activa en aquello que se espera. Alguien de esa especie en extinción que son los creyentes.
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