jueves, 27 de junio de 2013

La primera crisis existencial de un niño


Una amiga me contó que hace unas semanas, mientras cenaban en su casa, su hijo preguntó cuándo fue eso de lo que hablaban, y cuando le contestaron que fue antes de que naciese, se puso a llorar tratando de convencer a los demás de que él había existido siempre. Su mamá diciéndole que ela había existido antes que él y su mamama antes que ella no servían. El niño había tenido su primera crisis existencial.
Me parece curiosa la anécdota porque es muy ilustrativa del momento doloroso de la toma de conciencia de los límites temporales de la propia existencia. No creo que a todos les pase de la misma manera, y incluso puedo dudar de que sea lo usual que a alguien le caiga tan de golpe una revelación de ese tipo, lo usual debe ser asimilar el asunto sin trámites y solo tomar conciencia de ello cuando alguien cercano, o en su defecto, la mascota de turno, muera.
La aprehensión de la noción del tiempo resulta realmente compleja cuando se parte de es la propia existencia temporal el único momento en el que se va a dar la relación con el mundo, y con ello llega la noción de que el mundo va a segir tal cual más allá de la existencia propia. Las personas más crecidas ya han asumido la cuestión como la condición inexorable de la vida humana, pero para un niño resulta diferente porque el mundo es concebido todavía desde un 'yo' muy fuerte, casi como si el mundo existiese solo por y para sí, como si la existencia de la persona fuese la condición necesaria para la existencia del mundo, y no viceversa.

Siguiendo a Arendt, el llanto del niño venía del dolor del niño de haberse dado cuenta de que había una existencia más grande que la suya, no a un nivel trascendental superior como la idea de un dios, sino de una forma tan simple como desoladora, que era la mera existencia no condicionada a su propia existencia, esto es, la intuición primero de que el propio tiempo es limitado, y luego de que hay un tiempo más grande que el propio. Aceptar que ese tiempo más grande es, además, circular, mientras que el tiempo propio es lineal, es un ejercicio largo que puede parezca solo un ejercicio para calmar a los ociosos que se dediquen a ello, pero es también lo que genera las crisis de mediana edad, las de los adultos que sienten que sus vidas no va a ningún punto útil y, a saber su finitud, se desesperan porque solo hay un chance de hacer las cosas. Sabernos seres lineales nos regala esas crisis, al recordarnos que el fin existe y no podemos combatirlo; y si bien el niño sufría porque no podía concebir existencia anterior a su propio tiempo, el temor de saber de la existencia de un tiempo sin una es igual de inquietante.

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